
En el principio era el Padre, las hembras, los hijos de los padres y las hembras, los olores y las fuerzas, los temores las envidias, lo simiesco. Pero nos cansamos de que el Padre no nos dejara copular. Nos cansamos de que no nos dejara tomar los frutos primeros, las presas primeras, los mordiscos primeros, los mejores bocados. Entonces teníamos que conformarnos con los restos en el plato, con las hembras viejas, o mutiladas, o estériles.
El Padre era medio guacho. Supimos que éramos débiles, que el Padre por algo era padre. El Padre tenía experiencia, fuerza, autoridad, la sumisión de todos, el temor de todos, la fuerza de todos, el poder. El Padre tenía el cúmulo de conocimientos sobre lunas, migraciones, estaciones, recorridos de posibles presas. No era un erudito. Era un mono sucio astuto y fuerte. Era fuerte y el rostro lo tenía duro. Era un monarca, un tirano, un dictador de las estepas de cualquier lugar.
Entonces nos acomunamos. Nos reunimos implícita y súbitamente en asamblea de muerte y nos miramos y nos decidimos y arremetimos contra él y lo matamos. Lo matamos a patadas a piedrazos a piñas a mordiscos con gritos con chillidos con gloria con poder comunal, lo matamos y sangraba, lo matamos y callaba, lo matamos y él no lo sabía no lo esperaba, no tenía entre la manga el posible nacimiento de la sociedad. Porque ese día nos asociamos, para matarlo nos asociamos, nos acomunamos.
Luego lo vimos ahí tiradito reducido a cuerpo inerte y sangrante y pululado de moscas. Él era el poder y la fuerza. Quisimos esa fuerza, quisimos ser el padre y lo comimos. No lo sazonamos así sin sal y sin cocción, sin control de calidad lo devoramos. Qué rica qué sabrosa la carne de este hijo de puta. Ahora éramos poderosos.
Decidimos que nunca más habría un Padre. Decidimos que podíamos tocar a todas las hembras, comer todas las presas. Las hembras también decidían. Decidían quedarse con sus machos por interés y por miedo, porque el macho si quiere mata a los hijos, entonces ella se calla la boca, se queda quietita y calma los ánimos. El hijo es un valor muy grande como para arriesgarlo. Quedate quieto, tu padre se enoja.
El Padre no estaba ya no existía. Pero ellos eran ahora El Padre, La Ley, La Comunidad, y nuevos hijos vendrían y podrían hacer lo mismo con ellos. El Padre vivía en ellos. Lo habían engullido como hostia viva y santa y eran ahora El Poder y La Ley. La Ley ya no estaba afuera. La Ley estaba adentro.
No desearás la mujer de tu prójimo.
No matarás.
Honrarás a tu padre y a tu madre.
No tendrás relaciones incestuosas.
No deshonrarás a los muertos.
Porque los hijos se habían comido al Padre, porque lo habían matado, porque habían deseado a sus mujeres, porque no lo habían honrado sino matado aniquilado con fuerza comunal.
La ley ya no emanaba de un individuo fuerte. Ahora esa ley había sido inscrita en sus corazones. Y sobrevino temor. El Padre era tan padre y tan poderoso que matarlo no lo había matado sino al contrario: le había dado una vida sobrenatural y sobredimensionada, ya no era el monito hijo de puta: ahora era dios. Dios cruel y vengativo, sediento de venganza y sacrificios, privaciones, renuncias, ayunos, mortificaciones. Toda buena conducta no era sino una victoria del Padre y su ley, su fuerza, la misma fuerza y brutalidad con que lo habían matado, la culpa por el odio y la agresividad llevadas a término.
Como cuando te dijo que no hoy no salís, hoy no comés, hoy no vas, no, no te compro, no, no te doy, y tuvimos ganas de matarlo, de que se muera, y luego nos sentimos culpables, muy culpables porque también lo amábamos y admirábamos.
Esa es, muchachos, la breve historia del nacimiento de nuestro sentimiento de culpa. Sentimos culpa por haberlo hecho y también por no haberlo hecho. Somos así de sensibles.
Pero no estamos aquí para dilucidar el misterioso origen de la culpa, o de aquello que nos hace sentir culpables. Estábamos en Sagitario la última vez y dijimos que era una instancia colectiva. Pero en Sagitario no dejaba de haber movimiento, ideales, aspiraciones, entusiasmo, vitalidad… en Capricornio todo eso parece haber encontrado un fin. En Capricornio las cosas huelen a fin. Bien. Dejemos de ser tan abstractos, porque hasta a mí me empieza a aburrir os lo confieso, me aburre.
En Sagitario aspirábamos al cielo, el cuerpo social avanzaba hacia el ideal, hacia el cielo, hacia un fin inexistente pero que había que hacer de cuenta que existía para avanzar y avanzar sin detenerse. En Capricornio hemos envejecido. En Capricornio nos pasa que nos damos cuenta que no éramos el centauro sino una parte de él, una célula del centauro, una pata, un ojo, una oreja… éramos una parte del centauro, pero no lo habíamos notado. Íbamos tan entusiasmados en el fuego sagitariano, tan idealizando todo que creímos ser el mismo centauro que todo lo conquistaba. En Capricornio hemos madurado, hemos cabalgado ya muchos caminos y somos una célula que comienza a envejecer y que será descartada de momento a otro porque el centauro, la maquinaria social es siempre joven y las células viejas deben desprenderse y son caducas y caerán indefectiblemente y nadie lo notará. Capricornio es empezar a darse cuenta de estas cosas. Pero cuando nos damos cuenta de estas cosas no es porque ya estamos viejos o caducos. No. Nos damos cuenta porque ya somos la célula que debíamos ser, ya hemos llegado hasta donde debíamos llegar, más de lo que somos no podemos ser, hemos cumplido nuestro destino, hemos sido lo que debíamos ser. Hemos madurado, y yo no hay tiempo de crecer, porque ahora, desde este punto, desde el punto cero de Capricornio todo empieza a decrecer, a declinar, a morir. Tarde o temprano llegaremos a la vejez y seremos descartados. Puede que nos deprimamos, o puede que tomando conciencia de nuestro lugar, nos avoquemos por fin a cumplir nuestro deber, nuestra función en el gran cuerpo social. Cualquiera de las dos opciones es una mierda, pero es lo que tenemos, amados en el espíritu.
En Capricornio encontramos a esa hermosa, fría, límpida, serena, e inmutable cabrita, poderosa. Os preguntaréis cómo hice para saltar del monito dictador que una vez muerto se instala en la interioridad del género humano para pasar a ser dios y culpa y necesidad de castigo a una hedionda cabra de montaña que mira enhiesta al horizonte. Bueno, yo tampoco sé cómo hice, pero al final todos los caminos se encuentran, por lo que no temamos perdernos, pues no hay dónde perderse, ya que, como dijo San Sigmund Freud también citando a otro imbécil, (un poeta): “de este mundo no nos podemos caer”.
La cabra es el Estado, es la city , es el cimiento y columna de la sociedad, es la ley, el deber, ¡trabajad! ¡trabajad! ¡Cosechad! ¡Cosechad! No viváis, no y no y no, he dicho no. En Sagitario, el fogoso centauro caminaba hacia un ideal inexistente pero que debía hacer de cuenta que existía. Bien. El centaurito ha logrado cosirijillas interesantisillas. Ha logrado técnica, conocimiento, ha logrado desarrollo, organización, sistema, tecnologías, la venta televisiva de Spraiette, medicina, y tantas otras cosas que hemos logrado y que han permanecido y que hemos de conservar y que son un logro máximo pero no el último. El techo al que llegamos, eso es Capricornio. El centauro se encuentra en su camino hacia el ideal con un techo, un techo formado por sus propios récords, y el techo crece y se agranda en cada época según los logros del género, de la especie.
Vamos a ejemplificar, porque la ejemplificación es el recurso de los idiotas y como yo aprendí siendo idiota comparto este recurso con vosotros: cuando os hablo de techo, del techo de los logros, hablo, por ejemplo, de que antes erais unos púberes inútiles y mantenidos, soberbios e hilarantes, y no erais nada. Cuando ibais a la primaria, no estabais en la secundaria, por lo que, vuestro techo, era el colegio primario.
Habían otros que llegaron más alto que vosotros, como vuestros padres (no los de todos) o vuestros maestros. Pero luego os superásteis y llegásteis (vamos a suponer) al nivel secundario y luego al terciario. Ahora, el terciario, es vuestro techo. Cuando hagáis una licenciatura, la licenciatura será vuestro techo.
Pero vamos a un ejemplo más común y cercano y abundante. Cuando tenías 17 años y os enamorasteis y os revolcasteis y os preñasteis, fuisteis tontas y madres, por lo que vuestro techo no pasaba de eso. A los 18 tuvisteis otro niño, y ya pasasteis a ser unas irresponsables: os superasteis a vosotras mismas. Ser irresponsables era vuestro techo. A los 19 tuvisteis otro hijo, que sumado a los anteriores y ya con marido diferente y sin sueldo o mejor destino que un plan social, tuvisteis un tercer hijo, por lo que ya no fuisteis irresponsables sino tremendas hijas de puta. Ese fue vuestro techo.
Es decir, que el techo, es la forma lograda, lo máximo a lo que se ha llegado. El techo se rompe, se reconstruye a mayor altura cuanto más escalamos y trabajamos por superar nuestros récords tanto en virtudes como en defectos, porque también se puede crecer y ser cada vez más y más, pero hijo de puta en vez de, por ejemplo, mejor persona.
Mas no estamos aquí para moralizar, porque ese es trabajo de sacerdotes y yo no me recibí de sacerdote porque no había recibido la gracia santificante que confiere el sacramento de la confirmación que estaba haciendo a los 17 años y que no terminé porque ya para esa fecha la vida se me había vuelto de lo más complicada de vivir. De todas formas esa es otra historia.
Entonces, Capricornio es el techo, el límite. La humanidad tiene su techo y límite y trata de superarlo, trata de escalar y escalar, y hoy día se tiene la rara idea de que escalar y crecer equivale a trepar y trepar y ganar y vencer y vender y acumular y derrotar y estafar y llegar a alturas insospechadas de poder y dominio. Pero tampoco juzgaremos eso porque nos debemos acordar que no somos seminaristas.
La cabra es eso. Es medio forra, lo sé, por experiencia lo sé. Mi madre era (o creo que es) cabra, es decir, de capricornio. Tener una madre cabrita bonita puede significar , por ejemplo, que ella coma primero y que te de lo que le sobra. Cosas de la vida cosas del querer.
Capricornio es entonces esos logros del signo anterior, el centauro, en este recorrido de doce fases que estamos haciendo en el que cada signo es una fase. Capricornio es la décima fase. Si Sagitario es el pueblo camino por la estepa, capricornio es el camino marcado y recorrido, las huellas, la tierra firme y pisada, trabajada, la estructura que queda en el tiempo. Si Sagitario erais vosotros creciendo y aspirando, Capricornio es hasta donde vosotros habéis llegado. La sociedad, el estado, es una representación de hasta dónde hemos llegado como comunidad desde que matamos al protopadre.
Capricornio es esa cualidad que nos hace ser y realizarnos. Realizarnos acorde al destino que nos hemos forjado. Capricornio es esa voluntad de cumplir con el deber autoimpuesto o impuesto desde fuera. Porque todos escalamos nuestras pequeñas o grandes montañas, y ese camino en altura recorrido por cada uno suma a la comunidad, y la comunidad a su vez descansa sobre una montaña de logros adquiridos a lo largo de los siglos, y ese es nuestro Capricornio, nuestra base, sedimento, nuestra construcción.
Obviamente lo vivimos como carga y pesadez, como imposición, como tarea ardua, como obligación. Porque Capricornio es el principio de realidad que atenta y atentará siempre contra el principio del placer al que nos avocamos y por el que nos desvivimos, y aún los que creen no regirse por el principio del placer, a ellos con más fuerza todavía el principio de realidad les bajará la caña porque la realidad es que siempre aspiraron al placer disfrazándolo de ocupación, deber, sacrificio, entrega, y no eran más que unos mezquinos sátrapas calculadores autoconvencidos de su funcionalidad efectiva dentro de la sociedad.
El principio del placer es esa gana de permanecer en el útero, y Capricornio es la tijera del doctor que corta el cordón, y vosotros sois el resultado de ese corte, cada vez más individuos, porque de muchos úteros ha de separarnos el gran Saturno. La casa es también un útero, y cuántos de nosotros como verdaderos inútiles y hedonizados permanecemos aún dentro del sucedáneo del vientre materno que es la casa paterna, verdadera cárcel de los destinos.
El principio de realidad te despierta a la mañana con un fucking despertador . Te da frío antes de salir a trabajar, te da sueño en el colectivo. Tiene cara de jefe, director, preceptor y prócer. Tiene cara de tutor y uno, a su lado, es un Lazarillo de Tormes, calculando el momento en el que el Gran Capricornio, el destino, la fuerza de los acontecimientos, nos otorgará un mendrugo de pan.
Quizá seáis vosotros unos hipócritas acomodados, o unos hedonistas de clase baja, trabajadores egoístas o profesionales encapsulados. Quizá a vosotros Capricornio no os haya tocado con verdadero filo. Pero a otros los ha segado, los ha juntado como paja, como el cosechador de destinos que corta todas las cabezas, o mejor dicho, todos los penes, porque Saturno, el regente de capricornio es el que le cortó el pene al padre, y corta hoy los penes de la mayoría de los hombres, los castra de futuro, los castra de ideales, los castra porque está a su servicio y es como un perrero que busca perros sueltos perros callejeros, juguetes rabiosos, pinochos, y los castra.
Donde hay carencia hay Capricornio, signo de mezquindades, egoísmos, carencias y soledad, eso sí, mucha soledad. No os hagáis los acomunados porque toda esa estructura con sus calles pavimentadas y sus columnas y capitolios no os salvará de la soledad que sentís hoy.
Capricornio es entre muchas cosas, principalmente soledad. Qué soledad la de aquel en quien Capricornio tiene su morada. Y qué amargura, y qué carácter. Como este momento representa ese instante en que se llega a la sima, es obvio que a la sima no llegan dos sino uno, cada uno a la suya, cada uno solito viviendo y llegando y muriendo en el lecho solito muere solito nada siente, solito solito qué solito nadie te escucha nadie te entiende al morir solito estás, ajajá, ajajá, solito estás.
Podemos realizarnos porque contamos con la posibilidad de realización, concreción, y eso es ya Capricornio. Porque Capricornio es también la capacidad de solidificarse y concretarse.
Hay, se dice tradicionalmente, una correlación entre Capricornio y los huesos justamente porque son la constitución fundamental del cuerpo, nuestra parte más sólida y nuestra estructura.
Mi madre capricorniana tenía cara de calavera y mi abuelo materno también. Mi abuelo me contó un cuento sobre unas calaveras que no vienen al caso. Los dos tenían un carácter de mierda y eran autoritarios e infundían miedo y eran muy aburridos los dos aburridos como una escarapela.
La autoridad es también capricorniana. Sopa de palabras capricornianas: autoridad, padre, ley, edificio, estructura, solidez, destino, duro, acero, duro, esqueleto, sólido, padre, esqueleto, padre, autoridad, padre, esqueleto, padre, destino, realización, duro, autoridad, duro, estructura, duro, solidez, duro, padre, obligación, deber, escarapela, padre, estructura, solidez, estructura, obligación, autoridad, esqueleto, escases, esencial, esencial, esencial, escases, esqueleto, flaco, esqueleto, duro, padre, terminator, cinto, duro, trabajo, profesión, vocación, nefasto, depresión, soledad, padre, soledad, nefasto, destino, obligación, institución, deber, padre, deber, duro, deber, carga, deber, obligación, deber, solidez, disciplina, esqueleto, sobriedad, esqueleto, gris, aburrido, viejo, añejo, decrépito, mezquino, viejo, obligación, vocación, esencia, solidez, dureza, estructura, padre, rígido, pétreo, padre, pétreo, arquitecto, padre, pensador, duro, filósofo, culminación, muerte, esencial, estructura, deber, soledad, culminación, rígido, funcionario, estructura, estado, vocación, techo, viejo, padre, techo, vocación, fatalidad, vocación, destino, techo, voluntad, tiempo, padre, autoridad, rígido, pétreo, insensible, ambición, padre, ley, edificio, estructura, funcionario, esqueleto, cinto, trabajo, profesión, vocación, techo, destino, institución, duro, rígido, pétreo, sólido, esencial, escaso, flaco, nefasto, depresión, obligatorio, gris, aburrido, viejo, añejo, decrépito, mezquino, Capricornio.
El Padre interior, La Ley interior, no está en el interior. Es una forma de decir. No seáis tan zopencos. Es una metáfora. El Padre, La Ley, están interiorizados en lo más profundo de la existencia del hombre. La Ley y La Autoridad, el ojo panóptico, el juez, la conciencia, el sentido de realidad, nos llevan hacia nuestra realización. No penséis en realización como el súmmum de vuestras aspiraciones cumplidas. Seréis a penas muy poco, un pétit peu, una nada risible y escasa de lo que pudisteis haber sido.
Y los que son, o que parece que son, dan sensación de ser mucho porque los que son nada son muchos más. Pero no son tampoco, o son un número muy escaso de sus propias posibilidades. Sed en la medida en que podáis. constituíos sobre vuestras rodillas de huesos danoninos, soportad como atlas, el peso del mundo que se os impone para ser cargado a vuestras espaldas sin sentido.
Que diga sin sentido no quiere decir que la cosa no tenga sentido, sino que si lo tiene no lo hemos encontrado, y los que dicen que lo encontraron están equivocados porque acá el pontífice soy yo y el que dice que tiene razón soy yo y punto. Atlas lleva el peso del mundo. Nosotros también, cada uno, todos juntos, pequeñas hormiguitas trabajadoras bajo una ley inscrita en nuestros corazones, una ley comunal que nos resguarda de la fuerza instintiva que nos llevó a matar al padre.
Ahora estás viejo, viejo mi querido viejo, viejo y solo solitario arriba y solitario o abajo y parece arriba, solo solito que no te molesten. Nadie os ayudó y fuisteis duro y os parasteis enhiesto y silenciasteis vuestra voz y os rendisteis a la maquinaria del mundo y lo cargasteis encima. No habláis mucho porque os pesa, o porque estáis muerto.
Puede que estéis muerto o resignado, lo mismo da. Vuestros largos y seguros brazos no abrazaron ni abrazarán porque el mundo no se ha construido con abrazos sino a puntapiés, lágrima y silencio, trabajo duro y cansancio, silencio, deber disciplina y vocación, rigidez y fuerza, vocación, destino. Fuiste un tutor, un sostén, una dura pared contra el viento recio, un dios de acero conjurando el mal que acecha negro orgánico fuerte y subrepticio en nuestras venas.
¡Oh Ley! ¡Oh Estado! ¡Oh instituciones todas que nos habéis hecho infelices en gran manera, que nos habéis protegido de nosotros mismos! ¡Oh estructura acerada del mundo por donde la vida no corre como por las venas sino por fuera como terrible y nocturna enredadera que promete la vida en su perfume! has de ser podada.
Debes ser podada, debes ser encaminada y controlada, oh vida verde y poderosa, no derribarás nuestros edificios, no quebrarás nuestros asfaltos, te lo advierto, vida, te conjuro, no nos ganarás, porque hemos conquistado nuestra voluntad, hemos limitado nuestra sed, hemos domesticado y educado la sangre por la que te deslizas susurrándonos malignidades vitales, demonismos floridos, sabrosos manjares prometidos a los héroes, a los que no se han arrodillado bajo el yugo de la ley.
Te lo advertimos, vida, solamente es una advertencia, no escaparás de nuestro padre el podador, nuestro que está en el cielo cuyo nombre santificamos, cuyo pan comunitario comemos, cuya autoridad regula nuestras relaciones para que perdonemos y seamos perdonados, no dejándonos caer en la tentación de vivir y librándonos del mal, de la fuerza roja tibia y nocturna que nos corre por las venas.
¡Ah! ¡Cierto! Esperáis que os diga algo de Capricornio. Bien: dícese de la gente nacida cuando el sol entra en ese signo el 21 de diciembre y hasta el 20 de enero./2. Dícese de las personas responsables, trabajadoras, realizadoras, maduras, en su parte positiva y mezquinas, egoístas y ambiciosas en su parte negativa. / 3.Dícese que la acepción anterior es mentira o que por su ridiculez no puede ser aceptada como verdadera. Algo de verdad hay, eso no hay que negarlo, pero no seáis tan ingenuos, por favor, no seáis tan ingenuos.
Os daré una definición más acertada (porque debéis recordar que soy el pontífice y que gozo del don de la infalibilidad).
Capricornio: 1. Dícese del momento zodiacal en que todo ha llegado a su máxima expresión y que luego empieza a decrecer. / 2. Dícese no de los nacidos de diciembre a enero sino que nacido en cualquier momento del año, en el cielo, Capricornio está en una posición muy especial y pronunciada de manera que imprime sus cualidades en el nacido al que se le nota bastante, ya sea porque es un avaro hijo de puta, o un trabajador a tiempo completo sin vida propia, o un rebelde depresivo, o arquitecto, o insensible. / 3. Dícese de las oficinas pintadas de gris, de las columnas de los palacios de justicia, o de economía. / 4.Dícese del estado y sus funcionarios. / 5. Dícese de un culo telarañado. / 6. Se aplica a la agricultura, a los bibliotecarios, a las ratas, al superyó, al polvo, al tiempo, a los esqueletos, a los cuentos de esqueletos, a los cara de hijos de puta, a las madres desmadradas, a los constructores del mundo, a los realizadores, a los héroes no de la vida sino de la anti-vida, a los agentes de la vida pública y comunitaria legislada.
En tus rodillas quiero estar, papi, el mundo es pesado no lo aguanto, papi, mis huesos no son tan danoninos como los tuyos, danoninos como los tuyos, papi te quiero, papi danonino, papi calcio, hierro, papi papi cuando sea grande quiero ser como vos, un hijo de puta como vos.
Os saluda como un padre esencialísimo y pobrísimo, dignísimo e ilustrísimo, el menos indicado para ser padre.
Felices fiestas.