La salida psíquica del vientre
materno por las aguas del Mar Rojo,
de Cáncer-Egiptoal Sinaí-Capricornio.
*Por Pablo D. Salinas
No es
pérdida de tiempo el preguntarse si uno ha abandonado la rica y cómoda
situación uterina que nos une psicológicamente a nuestra madre. No solo la
madre (Cáncer) que nos trajo al mundo sino tantas otras madres que podemos
encontrar cuidándonos (Cáncer), conteniéndonos (Cáncer), haciendo las veces del
vientre cálido y protector (Cáncer) del que venimos (Piscis, porque Piscis
representa ese vientre cósmico del
que venimos cuando llegamos a existir) y al que queremos volver. (1)La madre
patria, la madre iglesia, la madre tecno-ciencia, etc.
El zodíaco
representa los ciclos de toda vida, y todo lo vivo es cíclico. La rueda
zodiacal, por ser un círculo cuenta con 360° que pueden dividirse en doce
segmentos de 30° cada uno. El primer segmento es Aries, el segundo Tauro, etc.
La
problemática Cáncer-Capricornio ha sido ampliamente tratada y desarrollada por
reconocidos astrólogos y aunque no desde el lenguaje astrológico, por algunos
sólidos nombres desde el psicoanálisis.
La membrana
familiar desde la que partimos y que es el trampolín desde el cual nos
eyectamos hacia el mundo tiene una cara interna y cálida (Cáncer-Madre) y una
cara externa que es sensible a lo social y que constituye el intercambio con el
afuera (Capricornio-Padre).[1][2)
Sigmund
Freud en su obra El malestar en la
cultura(3)deja entrever el fenómeno de la regresión y se pregunta si esta
sed de infinito, de experiencias oceánicas (Piscis) y la consecuente evasión
que tiene como presupuesto no tiene como génesis el deseo inconsciente de
volver al útero cósmico (Piscis), a las aguas primigenias, al estado de unidad
con el Todo (Piscis) que se experimentó previo al nacimiento y algunos años
después de él. El sentido de realidad (Saturno-Capricornio) hará coalición con
el sentido del placer, ese deseo de unidad y regreso al difuso caldo cósmico
del que partimos.
Podemos
fácilmente confundir a Piscis con Cáncer dados sus componentes también
alienantes, pero conviene separar (aunque tal separación sea artificiosa) a
Piscis (como signo de lo inefable y de la evasión que nos abre a lo enfin}ito,
el útero universal), de Cáncer (como
signo del útero personalcuyo
significado de alienación es meramente psíquico y cotidiano).
Un mito que
refleja esta dinámica Cáncer-Capricornio es el mito del paso del Mar Rojo, es
decir, pesaj=paso=pascua.
Los hebreos
(y luego los cristianos) en la anamnesis de la Pascua conmemoran el paso de un
estado de cosas a otro completamente diferente, más amplio y más enriquecido
que el primero. El libro que contiene este mito es el Éxodo (éxodus=partida,
salida) que es uno de los libros de la colección hebreo-cristiana llamada
Biblion o Biblia (biblia=los libros).
Para los
hebreos (hoy “judíos”) la Pascua es la conmemoración de la salida de Egipto.
Los hebreos se habían multiplicado en aquel país. Fueron esclavizados y un
faraón dio un edicto para que se reduzca su número con la matanza de los
infantes. Uno de esos infantes se salva y será quien luego conduzca al pueblo fuera de las fronteras de Egipto hacia una nueva tierra.
Egipto, el útero.
El relato
nos dice que quienes ingresaron a Egipto escapando de una hambruna y escasez
que asolaba la región (Capricornio representa tanto la escasez como a las
regiones vecinas, el exterior en el que se experimentaba dicha escasez) fueron
los hijos de Jacob a Egipto porque “comenzaron a venir los siete años del hambre,
como José había dicho; y hubo hambre en todos los países.”[1][(4)Este grupo de hermanos (Géminis) de origen nómade
(Géminis) se dirige en busca de alimento (Cáncer) a Egipto, futuro útero
psicológico (Cáncer) de Israel. Allí en Egipto hay alimento: “Viendo Jacob que en Egipto había
alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He aquí, yo he
oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para
nosotros, para que podamos vivir, y no
muramos”[1][(5) (Cáncer, principio de supervivencia).
Otra pista del dilema Cáncer-Capricornio lo tenemos en el otro polo, el
de Jacob. José está en Egipto representando a Cáncer, pero Jacob, su padre
(Capricornio) está afuera (Capricornio) de las fronteras de Egipto (Cáncer), en
medio de la hambruna y la escasez (Capricornio). Pero además, En cierta
instancia del relato, Jacob exclama que “El Shadday” debía proteger a sus hijos
en el camino hacia Egipto. El Shadday es un título que actualmente se le
atribuye a Yavé, el dios de los hebreos, pero que originalmente perteneció a
una divinidad mesopotámica y que traducido significa “el dios de la montaña”.
Por obvias razones no fue muy difícil fusionar a El Shadday (dios de la
montaña) con Yavé (el dios del volcán Sinaí) el dios con el que se toparían los
israelitas luego de la liberación de Egipto. Este dios de la montaña (El
Shadday) es invocado por Jacob (el padre, Capricornio) sobre sus hijos
identificándolo, a mi juicio, con el polo de Carpicornio en oposición a su hijo
José que representa a Cáncer.
¿Qué signos
podemos rescatar del relato que nos cuenta el/los hagiógrafo/s que nos den
pistas sobre el carácter uterino de Egipto? José regía en Egipto y era hijo de
Jacob. Jacob tuvo otros hijos que estaban cansados de la aparente pedantería de
José por lo que decidieron deshacerse de él vendiéndolo como esclavo. Por los
azares de la vida José va a parar a Egipto haciéndose de la confianza del
faraón a tal punto que éste le permite administrar todos sus bienes. Estos
hermanos de José vienen desde el país vecino de Canaán a pedir comida por lo
que se presentan ante José sin reconocerlo.
Tenemos
entonces las siguientes instancias uterinas:
- Egipto es
fuente de alimento, lugar cómodo y próspero
- Muchos van a
Egipto en busca de alimento porque afuera (Capricornio) hay hambre
- Los hijos de
Jacob se reúnen con su hermano (aunque sin saberlo al principio) dentro de ese
Egipto-útero
Bien, pero a
esto se suma el hecho de que José les dice: “Vosotros sois espías, que
venís a ver los puntos desguarnecidos del país.”(6)El carácter clánico de estas palabras es también
clave porque de ellas se deslinda la idea de membrana protectora canceriana.
Cáncer es el principio de conservación de las cosas, es la cualidad que nos
hace ser miembros, tener pertenencia, por lo que habrán quienes pertenecen y
quienes no. Egipto es un útero nutritivo y cómodo que debe proteger a “los
suyos” de “los otros”, de los que no pertenecen, de los que están fuera de sus
fronteras, fuera de su vientre. José está representando a la membrana
materno-paterna que debe filtrar a los candidatos a ingresar. No cualquier cosa
ingresa al útero. No cualquiera así como así puede traspasar la membrana
canceriana: “Vosotros sois espías, que venís a ver los
puntos desguarnecidos del país.”(7)¿No es ésta la función de la
membrana protectora, de Cáncer?
En Egipto ocurre ese encuentro entre hermanos. Ellos forman parte del
mismo clan (los cananeos) y éste es el punto decisivo de reunión. En un útero
pasado se separaron y es en un nuevo útero que deben reunirse. José habrá hecho
ya buena parte de su camino del héroe, pero esta será una nueva prueba en su
recorrido zodiacal. José forma parte de un número de doce hermanos, lo que nos
deja ver que el de José es un verdadero recorrido del Sol hacia la integración:
“somos doce hermanos, hijos
de un mismo padre, en el país cananeo; sólo que el menor está actualmente con
nuestro padre, y el otro no existe”.[1][8] Aquel que “no existe” es José hasta tanto no se de cuenta que el Cosmos
lo invita a integrarse y a existir desde la integración. Entonces,
recapitulando tenemos un nuevo signo:
-
José actúa como membrana
protectora en Egipto frente a cualquier amenaza externa.
También podemos recapitular los puntos fuertes de esta primera parte del
drama:
1)
Egipto será el útero
psicológico de Israel
2)
José debe integrar lo
escindido (los doce hermanos, la unidad zodiacal)
Espejito espejito…
El rol canceriano del que está teñido Egipto en este mito es también
delatado por una generosa coincidencia. Bien es sabido cómo la tradición
judeo-cristiana se ha escindido de sus raíces sincretistas y paganas. Pero al
hagiógrafo, como suele decirse acá en Argentina, “se le escapó la tortuga”, con
intención de dar a entender que aquello menos pensado, lo que nos parecía más
indefenso, eso mismo se nos ha escapado. El “escritor sagrado” nos cuenta que
José desea tender una trampa a sus hermanos: quiere acusarlos de robo para
retener al más chico y obligar a Jacob a venir a Egipto. ¿Cuál será el objeto
que José mandará a colocar en sus alforjas de viajeros?, una copa de plata.
José era un adivinador, un intérprete de sueños ("oyes
sueños para interpretarlos..." Génesis 41, 15) . Esa práctica era muy común en Egipto y en
Caldea. Los adivinos eran requeridos por los reyes y faraones para que les
interpreten los sueños. José perfiló muy bien para este oficio y se ganó la
confianza del faraón. Algunos fundamentalistas cristianos niegan el emparentamiento
de las prácticas adivinatorias de José con la magia, pero eso es un tema
aparte.
La práctica de la eromancia
(adivinación por medio del agua dentro de una copa) era común en Egipto en el
tiempo de los Hicsos. José deja muy claro que su copa de plata era para adivinar y que él mismo era un adivino:
“Y mi copa, la copa de plata, la pones en la
boca del saco del pequeño” Génesis 44,2
"¿Por qué habéis robado mi copa de plata?
¿No es esta en la que bebe mi señor, y la que usa para adivinar?" Génesis 44,5 (9)
“Y les dijo José: ¿Qué acción es ésta que habéis
hecho? ¿No sabéis que un hombre como yo sabe adivinar?” Génesis 44, 15
José es quien le presta carne y materia al Signo de Piscis, el vientre
universal al que se quiere volver inconscientemente: José es un interpretador
de sueños (Piscis). Pero además es un adivino y utiliza una copa de platapara emitir augurios.
Sabemos que la plata es el metal que corresponde a Cáncer y a la Luna,
su regente. El texto de San Jerónimo, La Vulgata, transcribe así el texto de la
copa de plata:
“Scyphum autem meum argenteum, et pretium quod dedit
tritici, pone in ore sacci junioris.” Génesis
44,2
“scyphus, quem furati estis, ipse
est in quo bibit dominus meus, et in quo augurari
solet?” Génesis 44, 5
“Quibus ille ait : Cur sic
agere voluistis ? an ignoratis quod non sit similis mei in augurandi scientia?” Génesis 44, 15
Argentumes un vocablo del latín para “plata”. El suceso
de la copa de plata de José es uno de los caracteres más evidentes de la
cualidad canceriana que pasará a tener Egipto para los Israelitas. Antes de
pasar a la siguiente fase interpretativa no podemos dejar de señalar que José
es uno de lo patriarcas de Israel y que es un personaje de prominente
importancia para las religiones hebreo-cristianas.
Otras pistas que identifican a José con Cáncer y a Jacob con
Capricornio:
José: “Dios me ha enviado delante de vosotros para que podáis sobrevivir en la
tierra” Génesis 45, 7 (Cáncer)
“Subid de prisa a donde mi padre, (Capricornio) y decidle: “Así, dice tu hijo
José:
Dios me ha hecho dueño de todo Egipto; baja a
mí (Cáncer)sin demora.” Génesis 45, 9 (Cabe destacar que en el mandala zodiacal
Capricornio se ubica “arriba” en la décima fase y Cáncer “abajo” en la cuarta,
en oposición a Capricornio).
“Yo te sustentaré allí(Cáncer), pues todavía faltan cinco años
de hambre, no
sea que quedéis en la miseria tú y tu casa y
todo lo tuyo (Capricornio)” Génesis 45, 11
Otro punto que debe llamarnos la atención, es que el Éxodo es uno de los
libros atribuidos a Moisés. Sabemos hoy que más que escrito por Moisés lo fue
por sacerdotes y otros clanes Israelitas. Ellos plasmaron las ideas de Moisés.
Esas ideas deberían reflejar el pensamiento de Moisés quien era en realidad un
egipcio, y por tanto, su religión era Egipcia. Con esto cobra sentido el que en
la tradición de Moisés los hijos de Jacob fueran doce, ya que el número 12,
(era bien sabido en Egipto) era el perfecto número zodiacal.
Hemos perfilado así la temática Cáncer-Capricornio reconociendo en
Egipto al Polo Cáncer y en Jacob el Polo Capricornio. También nos dimos
cuenta que simultáneamente José estaba haciendo su propio camino del héroe y que estaba llamado a la integración, tópico que no desarrollaremos y que dejaremos flotando
como una mención al pasar.
Los tuyos, los míos, los de él
El libro del Éxodo (que es el que le sigue al Génesis) hace nexo entre
la historia de José y el por qué y el cómo de la llegada de los israelitas a
Egipto con otra historia, la historia de la salida
de Egipto.
En el Génesis nos enteramos cómo entraron, mientras que en el Éxodo lo
crucial es la salida, ya que Éxodo
quiere decir“salida”.
Si asumimos que Egipto es el Polo
Cáncer y que es un útero psicológico para los israelitas, debemos suponer
entonces que aquellos vivían muy cómodos dentro de las fronteras-membranas de
Egipto:
“Murió José, y todos sus hermanos, y toda
aquella generación; pero los israelitas fueron fecundos y se
multiplicaron; llegaron a ser muy numerosos y fuertes y llenaron el país.” Éxodo 1, 6-7
La fecundidad es una cualidad canceriana. Cáncer es la vida y la
fecundidad, representa a la Madre, y la Madre es justamente eso porque nutre y
porque multiplica la vida. En Egipto los israelitas fueron entonces, fecundos.
Pero otra nota canceriana podemos encontrar poco más adelante. Sabemos
que Cáncer representa la vida, la fecundidad y la maternidad, pero también
implica lo clánico. Cáncer es la membrana que separa el “nosotros” del “ellos”.
Es por eso que en Cáncer pueden darse los disparadores del pensamiento clánico:
“Se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada sabía
de José; y que dijo a su pueblo:
«Mirad, los israelitas son un pueblo más
numeroso y fuerte que nosotros. Tomemos
precauciones contra él para que no siga multiplicándose, no sea que en caso de guerra se una también él a nuestrosenemigos para luchar contra nosotrosy salir del país.»” Éxodo 1, 8-10
Es ésta la clase de pensamiento clánico que destaca a Cáncer. Los
“otros” que se “multiplican” son una amenaza, son un pueblo aparte, hay que
tomar precauciones, hay que defenderse.
En cáncer encontramos también los sistemas de defensa. Replegarse y
cerrarse a lo amenazante, a lo que no constituye nuestra propia configuración
psíquica, nuestra propia tradición pasada, nuestro, nuestro, nuestro. Egipto
cae en la cuenta que dentro de sus fronteras (membrana protectora) hay
elementos que amenazan al sistema. No son miembros, son parásitos, son
numerosos, nos han cercado dentro de nuestras propias fronteras, por lo que
Egipto debe activar sus anticuerpos.
A la madre puede ocurrirle lo mismo. El hijo es una parte de ella, es un
miembro, es aquello por lo que ella es madre. Gesta y conserva la vida. El
vientre es cálido y protector. Pero llegado el tiempo señalado, el mismo
organismo de la madre obligará a salir al niño, y a su vez, el niño sentirá
cómo aquel lugar tan plácido es ahora una cárcel, un lugar asfixiante que, si
no sale llegado el tiempo, lo llevará a su extinción:
“Pero cuanto más les oprimían, tanto más crecían
y se multiplicaban, de modo que los egipcios llegaron a temer a los
israelitas. Y redujeron a cruel servidumbre a los israelitas” Éxodo 1, 12-13
La conservación cueste lo que cueste
Pero aún hay más. El faraón da órdenes específicas a las parteras para
eliminar a los hijos de las israelitas. Ya a esta altura no resulta curioso
pensar que las parteras se asocian directamente con Cáncer y con la Luna:
“El rey de Egipto dio también orden a las parteras de las hebreas, una de las
cuales se llamaba Sifrá, y la otra Puá, diciéndoles: «Cuando asistáis a las
hebreas, observad bien las dos piedras: si
es niño, hacedle morir; si es niña dejadla con vida.» Pero las parteras
temían a Dios, y no hicieron lo que les había mandado el rey de Egipto, sino
que dejaban con vida a los niños.
Llamó el rey de Egipto a las parteras y les dijo: «¿ Por qué habéis hecho esto
y dejáis con vida a los niños?» Respondieron las parteras a Faraón: «Es que las
hebreas no son como las egipcias. Son más robustas, y antes que llegue la
partera, ya han dado a luz.» Y Dios favoreció a las parteras. El pueblo se
multiplicó y se hizo muy poderoso. Y por haber temido las parteras a Dios, les
concedió numerosa prole” Éxodo 1, 15-21
El relato nos muestra un dato importante: los niños (principio
masculino, Aries) deben ser eliminados mientras que las niñas (principio
femenino, Tauro) pueden vivir.
¿Por qué decimos sin más que Aries=niños y Tauro=niñas? Porque el faraón
tiene una clara intención de que el número de israelitas no crezca, que no
aumente su fuerza y por tanto la consecuente amenaza para Egipto (reacción
netamente canceriana). Pero si esa fuese la razón única, ¿no hubiese sido lo
mismo eliminar a las niñas en vez de a los niños? ¿Acaso la eliminación de las
niñas no hubiese también disminuido su capacidad de reproducción, crecimiento y
por tanto el incremento de su fuerza? Si alguien dijese que no, que sólo con la
eliminación de los niños se lograba el cese de la multiplicación y la fuerza
incurre en ingenuidad, dado que esas niñas a las que se deja vivir no
necesariamente serían fecundadas por los niños de su misma generación, sino que
una vez alcanzada la edad madura podrían fecundar junto a los adultos del
pueblo.
Y si hubiese sucedido al contrario, que hubiesen sido las niñas las
masacradas y no los niños ¿No podían ellos también al crecer fecundar a
aquellas que tuviesen edad todavía para concebir?
La eliminación de los niños y no de las niñas no persigue un fin meramente
sanitario o de control natal, sino algo más significativo todavía.
Está en nuestra noticia que las amazonas (llamadas “hijas de Marte”) se
cortaban el pecho derecho para ser más hábiles en la caza y en la guerra. El
pecho es un simbolismo claramente canceriano. Pero lo análogo entre las
amazonas y el mandato del faraón egipcio es que las amazonas castraban a los
hombres o no les permitían tener relaciones con ellas. Solo una vez al año se
permitían, para su reproducción, tener relaciones sexuales con los hombres de
una tribu vecina. A los niños que nacían de esas relaciones los mataban o los
abandonaban, mientras que a las niñas las recibían en su seno.
Aries es el principio promotor de lo nuevo. Si la orden de exterminio
hubiese perseguido el fin puramente reproductivo ésta hubiese sido pareja,
tanto niños como niñas hubiesen sido exterminados. Pero desde la mirada
astrológica, la eliminación de los varones es un símbolo de la intención del
faraón de eliminar el principio promotor de lo nuevo, es decir Aries.
En este sentido se ratifica el principio canceriano de conservación.
Nada debe cambiar, todo debe permanecer tal cual como está ahora. Aries es un principio
amenazante para la estabilidad emocional de Cáncer. Tauro es la permanencia y a
la mentalidad canceriana del faraón no le es para nada amenazante la
estabilidad taurina( Sabemos que Aries es el principio activo masculino y que
Tauro es el principio receptivo femenino). Diferente es su posición respecto de
Aries. Debe eliminar la posibilidad del cambio, debe subvertir el orden natural
y proteger a Egipto-Cáncer a costa de la castración del pueblo enemigo:
«Cuando asistáis a las hebreas, observad bien
las dos piedras: si es niño, hacedle
morir; si es niña dejadla con vida.»
Final feliz
La historia de José tiene final feliz. Aquel que estaba escindido del
cosmos lo ha integrado. Los hermanos de José y José se reúnen y viven en el
vientre Egipto, las doce cualidades darán a luz nuevas historias.
Pero El-Shadday (el dios de las montañas, Capricornio) llamará a los
israelitas a parirse nuevamente, a experimentar un nuevo parto, un nuevo
comienzo, una historia propia con identidad propia, los convocará desde la
Montaña-Horeb-Capricornio para “arrastrarlos” a su destino particular, porque
todo pueblo tiene un destino particular y un lugar insustituible en la
historia.
El número preferido de Dios
El libro del Éxodo, que es el que subsigue al Génesis, comienza
curiosamente con un nómina de doce hermanos. El hagiógrafo nos nombra a los
doce legendarios hermanos que serán los patriarcas de las doce futuras tribus
de Israel que serán representados luego por las doce estelas que construyó
Moisés en su conmemoración, por las doce piedras preciosas (sardio, topacio,
esmeralda, rubí, zafiro, diamante, ópalo, ágata, amatista, crisólito, ónice y
jaspe. Éxodo 28, 17-20) que los sacerdotes hebreos llevarían colgadas en el
pecho divididas en cuatro tríadas (tal cual el sistema astrológico de las
Cuadruplicidades cardinal, fijo, mutable) con las que consultarían para juicio
(un oráculo), y que como los doce signos zodiacales también compondrían una
rueda de signos (“Las piedras corresponderán a los nombres de los
hijos de Israel: doce, como los nombres de ellos. Estarán grabadas como los sellos, cada una con su
nombre, conforme a las doce tribus. Éxodo
28, 21), por las doce tortas
ofrecidas como sacrificio sagrado (Levitico 24, 5), por los doce principales de
Israel que representarán a cada casa (léase tribu, tótem, signo) en Números 1,
44.; las doce fuentes de plata y las doce navetas de oro llenas de incienso,
para la dedicación del templo (Números 7, 84), las doce ramas representantes de
las “casas paternas” (Números 17, 17), las doce piedras blancas que
conmemorarán las huellas de los doce hombres elegidos (Así lo hicieron los israelitas, según las órdenes de Josué: sacaron doce
piedras del medio del Jordán, según el número de las tribus israelitas, como
había mandado Yahveh a Josué, las llevaron al lugar donde iban a pasar la noche
y las depositaron allí. Josué 4, 8) y que tendrían un significado, serían “signos”
para siempre (Las doce piedras que habían sacado del Jordán
las erigió Josué en Guilgal. Y dijo a los israelitas: «Cuando el día de mañana
vuestros hijos pregunten a sus padres:“¿Qué significan estas piedras?” se lo
explicaréis a vuestros hijos Josué 4, 20-22), los doce gobernadores del rey Salomón (1ª
Reyes 4, 7), los doce grandes bueyes que sostenían una gran fuente circular
(¡!) en el templo y que estaban distribuidos de manera que tres mirasen a cada
punto cardinal (1ª Reyes 7, 25), los doce leones que custodiaban el trono del
rey (1ª Reyes 10, 20), las doce piedras con que Elías construyó el altar del
holocausto (1ª Reyes 18, 31), los doce cantores de cada familia (que me doy el
lujo de transcribir en las notas en caso de que el lector no posea una biblia a
mano para que quede una idea patente de la importancia extrema del número doce
(nota 10) ), los doce apóstoles (Lucas 6, 13), los doce canastos del milagro de
la multiplicación (Mateo 14, 20), los doce tronos en los que se sentarán los
doce apóstoles para juzgar a las doce tribus de Israel (Mateo 19, 28), la
revelación de Jesús a sus doce años de edad (Lucas 2, 42), las doce estrellas
que coronan a la mujer apocalíptica parada sobre la luna y revestida con el sol
(Apocalipsis 12), las doce puertas y los doce ángeles de la Jerusalén Celeste
(Apocalipsis 21, 12), y las doce piedras de la muralla de la Jerusalén Celeste
(Apocalipsis 21, 14).
El número doce es importante en la tradición judeo-cristiana porque ya
el legendario patriarca Abrahám saldrá de Caldea (cuna de la Astrología) a
formarse una nación y Moisés, su sucesor en la misma misión, proviene de Egipto
donde fue educado en toda la sabiduría estelar, por lo que no resulta extraño
que transmita al pueblo una religión íntimamente ligada a los símbolos
zodiacales. A este respecto se puede consultar el carácter que el patriarca
Jacob le imprime a cada uno de sus doce hijos y que nos deja entrever su
connotación innegablemente astrológica.[1][11]
Nacido de las aguas cancerianas
La situación de los nacidos hebreos era crítica. La leyenda cuenta que
una mujer de la tribu de Leví (una de las doce tribus del patriarca Jacob) tuvo
un niño y ya no pudiéndolo esconder lo echó al río en una canasta
impermeabilizada con betún. La hija del faraón encuentra la canasta y en ella
al niño y lo adopta llamándolo Moisés, que quiere decir “el sacado de las
aguas”.
Es muy útil para nuestro análisis tener en cuenta que Cáncer es un signo
de agua, y que representa en primer lugar las aguas de la vida, el agua uterina
y el vientre materno en el que el niño se encuentra primeramente en un medio de
consistencia líquida que lo abriga.
En la antigüedad se tenía al agua como entidad femenina. En la India, el
río Ganges es llamado “Ganga-Ma”. En Egipto, la diosa Mut tenía estas
características:
“Segunda esposa de Amón-Ra, se la conocía como
la madre del mundo o como el flujo del agua. (…) Amón-hetep III mandó
construir, hacia el año 1450 a.C., un templo de Mut en Tebas. Se llegaba hasta
su puerta pasando por un camino de esfinges y se encontraba frente a un lago
artifical”[1][12]
“Todas las civilizaciones
destacadas nacieron en la cuenca de algún gran río —Nilo, Tigris, Eufrates,
Danubio, Indo, etc.—, al que a menudo se ha denominado «la madre» —el Ganges,
en la India, es el ejemplo actual más evidente—. Los ríos, con su discurrir
serpentiforme —símbolo de regeneración de la Diosa—,representaron también de
forma elocuente la capacidad de la Diosa para dar vida (crecidas fértiles y
riego) y para quitarla (inundaciones). Por otra parte, el agua, dotada de poder generador y
regenerador desde la prehistoria, ha continuado siendo un elemento ritual
central y fundamental en todas las religiones que han llegado hasta hoy.
En el catolicismo, por
ejemplo, el sacramento del bautismo se tiene por símbolo de renacimiento y
regeneración y la propia pila bautismal ha sido definida como el «útero de
María»; además, debe remarcarse que las diferentes advocaciones de la Virgen
siguen asociadas al simbolismo básico de la Diosa prehistórica, y sus historias
vinculadas a fuentes o corrientes de agua (lugar habitual de supuestas
apariciones, instalación de santuarios y escenificación de parafernalia
milagrera). En este aspecto la Iglesia no hizo más que recoger y transformar una ancestral tradición popular de culto a
la Diosa que sobrevivió a decenas de religiones androcéntricas. Indicios
arqueológicos sugieren que los santuarios prehistóricos de la Diosa pudieron
haber estado emplazados cerca de fuentes o manantiales; sin tener en cuenta los
que pudieron haber estado instalados al aire libre y desaparecieron, resulta
significativo que muchos de los santuarios hallados en cuevas lo han sido en
grutas que tienen un manantial que nace junto a su entrada y/o ríos y lagos
subterráneos.”[1][13)
Moisés “nace” del río, y si bien cuenta con su propia madre biológica,
el hecho de haber sido encontrado en el agua (en una cestilla hermética y
oscura) así como su nombre, (“Moisés, porque de las aguas lo he sacado”[1][14]) nos indica de la naturaleza canceriana de este nuevo personaje mítico.
Capricornio, la montaña del destino
El Polo-Cáncer es Egipto y los Israelitas viven dentro de ese vientre en
un nivel semi-parasitario. Habían acudido a Egipto en tiempos de hambruna
buscando alimento, pero se establecieron allí para jamás salir, a no ser por la
fuerza.
El Polo-Cancer (lo materno) y el Polo-Capricornio (lo paterno) dan
siempre como resultado un hijo y son justamente padre y madre en función a ese
hijo. Pero ese hijo no será tal hasta tanto no salga del vientre, hasta tanto
no sea parido.
La dinámica que nos espera entonces es la dinámica
Cáncer-Carpicornio-Leo (equivale a Luna-Saturno-Sol). Este circuito es fácil de
comprender si asumimos a Cáncer como el útero que nos formamos en cualquier
tiempo y lugar, un lugar o situación cómoda de la que no queremos salir,
privándonos de nuestro “destino”, de la realización máxima de nuestras
potencias. Capricornio (el padre) nos llama a salir del útero de Cáncer (la
madre) para individualizarnos (Leo). Así Capricornio (el padre) será siempre un
desafío y un corte del cordón umbilical psíquico en el que nos quedamos sin
posibilidades de realización (Capricornio) ni de individualización (Leo). El
útero (Cáncer) del que debemos salir (Capricornio) para individualizarnos
(Leo).
En este relato el útero es Egipto. Moisés nace en Egipto y es un
egipcio, pero por su doble nacionalidad (y por su carácter y dotes de
liderazgo) se siente atraído por sus compatriotas hebreos. Moisés saldrá de
Egipto a causa de una muerte. La muerte del egipcio a manos de Moisés[1][15] significa que Moisés renuncia a seguir manteniendo lazos con ese
hermoso vientre materno. Huirá al desierto y se encontrará con su propio
destino (Capricornio) en una montaña (Capricornio), la misma montaña en la que
redactará la “ley de Dios”(Capricornio). Es por eso que Moisés asume el
Polo-Capricornio, asume su destino e invitará al pueblo a seguirle.
En este contexto, el pueblo hebreo no es el Polo-Cáncer sino que está
dentro de él y es mantenido por él a costa de la esclavitud. Tampoco es el
Polo-Capricornio, porque Capricornio los espera afuera, en el Horeb:
“Moisés era pastor del rebaño de Jetró su
suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y
llegó hasta Horeb, la montaña de Dios.” Éxodo
3,1
Este Moisés-pastor es muy diferente del Moisés egipcio; es una teoría
freudiana muy acertada. Pero en lo que a nosotros respecta, si bien mantenemos
la teoría freudiana de los dos Moisés, ponemos el acento en el cambio de un
Moisés a otro, del Moisés en el ámbito de Cáncer al Moisés que asume su
vocación. Moisés está ahora en el Polo-Capricornio, está en la montaña santa en
la que recibirá el llamado.
La “voz” interna de Dios que lo llama, que lo arrastra desde la montaña
del “destino”, que le marca la vocación, no es una voz desde Aries, desde el
deseo individual, desde la propia visión de lo que se quiere hacer, sino que el
llamado es siempre un llamado en la
comunidad y desde la comunidad;
por eso el dios volcánico se presentará a su vez como la voz comunitaria:
“Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios
de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»” Éxodo 3, 6
Moisés ha salido del Polo-Cáncer y está ahora en el Polo-Capricornio,
pero ese “estar en” el Polo Capricornio implica tanta acción como aquel estar
en el Polo-Cáncer. Moisés tiene la misión saturnina de cortar el cordón
umbilical entre Israel y Egipto. Israel no hará nada por salir, y Egipto se
rehusará a que salga. Moisés será Saturno para ellos:
“Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que
saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto.” Éxodo 3, 10
Y los llevará a Capricornio, a la montaña del dios de la montaña:
“Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis
culto a Dios en este monte.” Éxodo 3, 12
Si Israel está en el Polo-Cáncer, que es Egipto, y Moisés los llevará a
Capricornio, ¿en qué instancia ellos se posicionan en Leo? Ellos son Cáncer en
tanto y en cuanto permanezcan dentro de Egipto. Sabemos que en Cáncer no hay
centro focal. Dentro de la membrana de Cáncer todos son miembros y no hay primacía de unos sobre otros. Es por esto que en
Cáncer no hay identidad individual, no hay Leo; hay identidad grupal clánica.
Por eso es que mientras están en Egipto Israel no podrá asumir su identidad, su
Leo, su Sol. Una vez que Moisés los saque de Egipto ocurrirá lo que en un
parto: la criatura es parte de la madre, sale del vientre de la madre y se
encuentra con el medio externo, con el mundo, con la realidad. Se acaba el
ensueño; ahora debe respirar por sí mismo, comer y buscar el alimento por sí
mismo. Allí afuera está el rostro del padre, y es allí cuando recibe un nombre
(Leo).
Lo que Israel posee ahora es un nombre ancestral, porque Israel era el
nombre de Jacob, el patriarca hebreo. Pero cuando salga de Egipto, Israel
adquirirá identidad como nación. Será hijo de Egipto y de Moisés. Será hijo de
la madre nutritiva (Egipto) y del padre dador de la ley (Moisés).
Dolores de parto
Antes de nacer a la libertad y la autonomía, hubo, como es habitual en
los partos, muchos dolores de contracción. A esos dolores el relato los llama
“plagas”. ¿Qué fueron las plagas sino signos dolorosos e incómodos para quienes
las padecieron?[1][16] ¿y quiénes las padecieron sino el pueblo de Egipto, la Madre Egipto,
Cáncer-Egipto?
Las plagas no tenían una connotación catastrófica. Los egipcios estaban
muy acostumbrados a todos los trucos de magia posibles. Notará el lector que
los trucos de magia relatados en el capítulo 7 del Éxodo fueron efectuados
tanto por el prestidigitador Moisés[1][17] como por los prestidigitadores de Egipto. Fue a las claras lo que para
hoy nosotros una competencia de ilusionistas.[1][18]Lo que no se nos debe escapar es que en el terreno canceriano la
“ilusión” forma parte natural de su contexto. Cáncer es el único signo regido
por la Luna que se asocia con la Plata, con el agua y con los espejos. No nos
cabe duda que este juego de ilusionismo tiene un gran componente canceriano.
Bien podría ser escorpiano, puesto que Escorpio es el gran ilusionista y de
hecho el primer signo es convertir las varas en serpientes. Esta última lectura
también es posible, pero no desamerita a cáncer como dueño de los espejismos.
Pongamos atención en estos dolores de contracción pre-parto (son a modo
ilustrativo y no forman parte esencial de este artículo. Pueden pasarse por
alto):
Moisés efectúa el prodigio de las serpientes:
Presentáronse, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron lo que Yahveh había
ordenado: Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus servidores, y se
convirtió en serpiente. Éxodo 7, 10
Los magos egipcios también:
También Faraón llamó a los sabios y a los hechiceros, y también ellos,
los sabios egipcios, hicieron con sus encantamientos las mismas cosas. Éxodo 7,
11
Moisés efectúa el prodigio de las aguas
convertidas en sangre:
Moisés y Aarón hicieron lo que Yahveh les había mandado: alzó el cayado
y golpeó las aguas que hay en el Rió en presencia de Faraón y de sus servidores,
y todas las aguas del Rió se convirtieron en sangre. Los peces del Río
murieron, el Río quedó apestado de modo que los egipcios nos pudieron beber el
agua del Río; hubo sangre en todo el país de Egipto. Éxodo 7, 20-21. Este
prodigio podía haber causado desesperación y caos general, tanto que quizá
hasta los ciudadanos podrían haber entrado en pánico. Soy más afín a la postura
de que el pueblo estaba más bien entretenido con este espectáculo gratuito de
magos en pugna.
Los magos egipcios efectúan el mismo prodigio:
Pero lo mismo hicieron con sus encantamientos los magos de Egipto Éxodo
7, 22
Moisés efectúa el prodigio de las ranas:
El Río bullirá de ranas, que subirán y entrarán en tu casa, en tu
dormitorio y en tu lecho, en las casas de tus servidores y en tu pueblo, en tus
hornos y en tus artesas. Subirán la ranas sobre ti, sobre tu pueblo, y sobre
tus siervos. Éxodo 7, 28-29
Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto; subieron la ranas y
cubrieron la tierra de Egipto. Éxodo 8, 2
Los magos egipcios efectúan el mismo prodigio:
Pero los magos hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron
subir las ranas sobre la tierra de Egipto. Éxodo 8, 3
Moisés efectúa el prodigio de los mosquitos:
Aarón extendió su mano con el cayado y golpeó el polvo de la tierra; y
hubo mosquitos sobre los hombres y sobre los ganados. Todo el polvo de la
tierra se convirtió en mosquitos sobre todo el país de Egipto. Éxodo 8, 13
Los magos egipcios no conocen este truco:
Los magos intentaron con sus encantamientos hacer salir mosquitos, pero
no pudieron. Éxodo 8, 14 . No nos debe extrañar que Moisés haya aprendido
algunos trucos de magia que los egipcios ignoraban en su estadía en Madián, una
tierra vecina en la que se refugió en sus años de exilio.[1][19]
Moisés efectúa el prodigio de los tábanos:
un enorme enjambre de tábanos vino sobre la casa de Faraón y la casas de
sus siervos; y toda la tierra de Egipto; la tierra fue devastada por los
tábanos. Éxodo 8, 20
No se menciona a los magos egipcios:
(¿?)
Moisés efectúa el “prodigio” de la muerte del
ganado:
murió todo el ganado de los egipcios; mas del ganado de los israelitas
no murió ni una sola cabeza. Faraón mandó hacer averiguaciones, y se vio que
del ganado de Israel no había muerto ni un solo animal. Éxodo 9, 6-7. La muerte
del ganado del contrincante no tiene nada de prodigioso. Es muy posible que
hayan muerto por envenenamiento. Tal envenenamiento sería intencional, puesto
que estaba avisado de antemano.
No se menciona a los magos egipcios:
(¿?)
Moisés efectúa el prodigio de las erupciones
pustulosas:
Tomaron, pues, hollín de horno y presentándose ante Faraón, lo lanzó
Moisés hacia el cielo, y hubo erupciones pustulosas en hombres y ganados. Éxodo
9, 10. Moisés había estado muchos años refugiado en Madián, una tierra vecina,
luego de asesinar al compatriota egipcio. En Madián existía el culto a un dios
volcánico, Yavé. No sería extraño que Moisés conociera las propiedades del
hollín de los hornos.
Los magos egipcios no pudieron efectuar el mismo
prodigio:
Ni los magos pudieron permanecer delante de Moisés a causa de las
erupciones; pues los magos tenían las mismas erupciones que todos los egipcios.
Éxodo 9, 11. Si algunos trucos pudieron ser igualados y otros no, no cabe la
menor duda que es porque Moisés contaba con trucos que aprendió fuera del país.
Recordemos que el truco de convertir el cayado en serpiente lo aprendió en la
montaña de Madián (Éxodo 4,3).
Se atribuye a Moisés el prodigio del granizo[1][20]:
Extendió Moisés su cayado hacia el cielo, y Yahveh envió truenos y
granizo; cayeron rayos sobre la tierra, y Yahveh hizo llover granizo sobre el
país de Egipto. Éxodo 9, 23
Los magos egipcios no son mencionados:
(¿?)
Se atribuye a Moisés el fenómeno natural de las
langostas:
Moisés extendió su cayado sobre la tierra de Egipto; y Yahveh hizo
soplar el solano sobre el país todo aquel día y toda la noche. Y cuando
amaneció, el solano había traído la langosta. Éxodo 10, 13
No se menciona a los magos egipcios:
(¿?)
Se atribuye a Moisés el fenómeno natural de las
tinieblas:
Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo, y hubo por tres días
densas tinieblas en todo el país de Egipto. No se veían unos a otros, y nadie
se levantó de su sitio por espacio de tres días, mientras que todos los
israelitas tenían luz en sus moradas. Éxodo 10, 22-23
No se menciona a los magos egipcios:
(¿?)
Una peste que asoló cierta vez a Egipto pasará,
en la tradición, a formar parte de la intervención de Moisés:[1][21]
Y sucedió que, a media noche, Yahveh hirió en el país de Egipto a todos
los primogénitos, desde el primogénito de Faraón, que se sienta sobre su trono,
hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a todo primer nacido del ganado.
Levantóse Faraón aquella noche, con todos sus servidores y todos los egipcios;
y hubo grande alarido en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un
muerto. Éxodo 12, 29-30
No se menciona a los magos de Egipto:
(¿?)
Mamá Cáncer y sus fenómenos naturales:
Respecto de los trucos de magia de Moisés, el faraón no hace el más
mínimo caso:
“Sin embargo el corazón de Faraón se endureció,
y no les escuchó” Éxodo 7, 13
“Se volvió Faraón y entró en su casa sin hacer
caso de ello.” Éxodo 7, 23
Ahora, respecto de los fenómenos naturales que empiezan a tener lugar,
esos que no están en manos de ningún hombre manipular (ni siquiera en manos del
taumaturgo Moisés a quien se le atribuye su causa), Faraón habrá de incomodarse
y de oír los signos de la naturaleza, los signos que ella misma le da porque ha llegado el tiempo del parto ( y no
porque un prestidigitador caprichoso las pueda manipular ni porque una entidad
espiritual escindida de ella pueda modificarla)
Estamos en Cáncer, estamos explicando a Cáncer, y Cáncer es la cuarta
Fase del ciclo zodiacal. Pero no debe asustarnos retroceder algunas Fases para
clarificar los fenómenos de la Fase en la que nos encontramos. Ya lo hemos
hecho. Ya hemos desarrollado una problemática de base que subyace a ésta de
Cáncer-Capricornio. Hemos hablado de la dinámica Aries-Tauro respecto de la
matanza de los niños varones (Aries) en vez de las niñas (Tauro).
Ahora debemos nuevamente clarificarlos. Detrás de este mito se esconde
subrepticio el concepto de que el espíritu (Aries) predomina sobre la materia
(Tauro). Moisés (Aries, principio espiritual) puede manipular los fenómenos
naturales (Tauro, principio material); Yavé (Aries, principio espiritual) puede
manipular la naturaleza (Tauro, principio material). Esto no dista mucho (de
hecho conservamos su herencia) del pensamiento tecno-científico actual, ya que
el hombre de ciencia (Aries, el sujeto trascendental kantiano) manipula la
materia (Tauro, principio material inerte).
Para nosotros, no hay un principio (Aries) sobre el otro (Tauro) sino
que los dos son simultáneos. De modo que no era ni un dios ni el mago Moisés lo
que impulsaba los movimientos de la naturaleza, sino que ella misma (Tauro)
urgida en su estado de gravidez (Cáncer) por lo nuevo (Aries) que estaba por
nacer (Leo) manifiesta fenómenos que hacen reflexionar al faraón. No era un
dios escindido de la materia el que fomentaba los movimientos climáticos, sino
ambos principios (espíritu y materia) gestando simultáneamente el gran
acontecimiento del éxodo. Si asumimos entonces al Gran principio espiritual
como simultáneo al Gran y eterno principio material, podemos afirmar que dios
(Aries) se movía en su naturaleza (Tauro) para parir al pueblo de Israel.
Una vez hecha esta aclaración, podemos terminar por decir que Egipto
(Cáncer) experimentó antes de la salida del pueblo de Israel unas varias
contracciones, dolores de parto muy molestos pero necesarios. Las madres
experimentan todo tipo de incomodidades horas antes de dar a luz y Egipto no
fue la excepción. Por eso afirmo que más que “plagas”debemos empezar a hablar
de “contracciones colectivas”.
¿Con qué actitud se sale de Cáncer, es decir,
del vientre psíquico lunar?
Estamos hablando de la formación del ser psíquico individual que es una
etapa marcada por los signos de Cáncer (el vientre psíquico del que salimos),
Leo (la individualidad conseguida), y Virgo (la contextualización de ese
individuo que somos en la sociedad).
Al separarnos (Leo) de Cáncer salimos a un mundo que ha superado o no la
psique canceriana. Decimos que pudieron haber superado o no la psique
canceriana porque aunque hayan salido del vientre de Cáncer pueden haberse
formado nuevos úteros allí donde se encuentren. Es muy común salir de una
situación cómoda, experimentar incomodidad y luego volver a acomodarse, a
“adaptarse al medio” a hacer del nuevo estado de cosas un nuevo útero psíquico
del que deberemos en un futuro volver a emigrar.
Ese emigrar o “darnos a luz” (la dinámica Cáncer-Leo presupone este “dar
a luz”, es decir, pasar de las sombras cálidas del vientre materno a la luz del
exterior donde todo es más claro) es siempre una oportunidad de
individualizarnos, de diferenciarnos, de desplegar nuestro brillo particular.
Pero puede suceder que aún fuera del vientre materno vivamos como unidos a un
vientre, sea cual sea la naturaleza de ese nuevo vientre.
Ese nuevo vientre o estado de comodidad, ese nuevo útero psicológico
puede llegar a ser de cualquier naturaleza: la casa en que me instalé hace unos
años, el trabajo que desempeño en un pequeño local que me demanda mucho y me da
apenas para subsistir, el grupo de amigos de siempre, un artefacto, el confort
logrado y mantenido hace un tiempo, el auto…todo puede transformarse en un
nuevo útero psicológico en el que me siento seguro y a salvo. Las conductas y
los hábitos, la propia imagen mantenida pueden ser también úteros cancerianos.
El problema con los nuevos úteros es que nos siguen manteniendo en la
dependecia psicológica. Y el mayor conicionamiento en el que nos instala es el
miedo. ¿Miedo de qué? de perder el útero, perder el auto, perder la casa,
perder la estima de los allegados, perder el confort…etc.
Para quienes gozamos de las comodidades condicionantes que nos proveen
nuestros úteros psicológicos la pérdida de tales bienes nos puede hacer sentir
inseguros o en peligro y es por eso que lo experimentamos como “pérdidas”. Pero
esas pérdidas no son tales ni en grado mínimo comparables con el destino
(Capricornio) que nos espera si nos decidimos a nacer. Por eso las comodidades
que nos brindan nuestros úteros psicológicos son siempre condicionantes, nos
privan de nuestro mayor potencial, nos escinden de nuestras mejores condiciones
y nos hacen sentir que si las perdemos estamos derrochando una oportunidad, la
oportunidad de la subsistencia segura. Por lo tanto, la pérdida de cualquier
bien que oficie como útero psicológico no es una pérdida en el sentido estricto
de la palabra, sino un desprendimiento de lo que no es esencial para nuestro
destino (Capricornio) para nuestras posibilidades de realización.
Es ese miedo a la pérdida de lo que no nos es esencial para nuestra
mayor realización el que nos transforma en lo que Jorge Bosia llega a definir
como “el mamífero astuto”.
Salir del útero psicológico no será muy fácil, y sin embargo es un
trabajo que vale la pena tomarnos. Este trabajo requiere de una primera
actitud: salimos del útero como mamíferos en camino a ser humanos. Si nos
amparamos en un nuevo útero, nos encontraremos con otros mamíferos astutos que
tienen nuestros mismos temores.
Salir de ese vientre canceriano primario es asumir que somos nuestra
propia madre. No nos quedamos sin madre pues ella ha sido nuestra membrana
protectora en los primeros meses de vida e incluso en los primeros años. Salir
del útero psicológico en el que nos encontremos tampoco significa que nos
quedemos sin nuestra capacidad de cuidarnos, nutrirnos y protegernos a nosotros
mismos, sino que nos hacemos cargo de nuestra propia piel, de nuestra propia
membrana protectora. No buscamos la membrana en sucedáneos, sino que asumimos
nuestra capacidad materna. Asumir la membrana propia es ya incorporar a Cáncer,
contar con Cáncer sin vivir en Cáncer. Es superar el vientre psicológico mas no
eliminarlo. Cuando supero a Cáncer y lo integro salgo al mundo ya equipado, ya
preparado como mamífero completo hacia Leo, hacia la identidad. Ese salir
preparado es asumir la propia piel, las propias defensas. Por eso nos cuenta el
mito:
“Y en aquel mismo día sacó
Yahveh del país de Egipto a los israelitas en orden de campaña.” Éxodo 12, 51
Este“orden de campaña” es salir con todo lo necesario, con lo esencial
para la travesía en el desierto, es salir con la propia membrana canceriana, es
ser uno mismo su propio útero.
No hay que salir sin piloto.
Asumir a la madre interna es por un lado no proyectar a la madre, no
vivir en la ilusión de que lo que o quienes me rodean deban ser de una u otra
manera mis nuevas madres postizas, mis nuevas fuentes de alimento y protección,
mis nuevas fuentes de seguridad.
Este asumir a la madre es contar con uno mismo, cuidarse a uno mismo,
nutrirse y nutrir, protegerse y proteger. Puedo protegerme a mí mismo y a otros
porque tengo asumida mi capacidad materna (siempre y cuando este “proteger” no
sea otra táctica canceriana para sentirme seguro, es decir, un nuevo vientre
psicológico del que no puedo salir).
Pero si me encuentro en un vientre psicológico y recibo el llamado a
salir de él, si todas las condiciones están dadas para salir a la luz (cosa
siempre inevitable o evitable a costa de la propia extinción) debo resguardarme
de no salir sin piloto.
El mito nos cuenta que:
“Cuando Faraón dejó salir al pueblo, Dios no los
llevó por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era más corto; pues
se dijo Dios: «No sea que, al verse
atacado, se arrepienta el pueblo y se vuelva a Egipto.»Hizo Dios dar un
rodeo al pueblo por el camino del desierto del mar de Suf. Los israelitas
salieron bien equipados del país de Egipto.” Éxodo 13, 17-18
Salir del útero psicológico no es una decisión que debe tomarse a la
ligera. No hay que ser unos improvisados en esto. Si uno sale así sin más del
vientre psicológico corre el riesgo de retroceder. Hay que efectuar acciones concretas y pequeñas, muy pequeñas, de a poco,
tratando de entender el sentido y el por qué de los miedos. Porque si no
encontramos un sentido y así, sin prepararnos y sin entender tratamos de pasar
la barrera edénica, si salimos al territorio desconocido, al desierto, en pleno
desconcierto, es muy posible que el susto y el terror, la amenaza de lo
desconocido nos repliegue quizá de forma permanente al mecanismo canceriano y
nos encontremos más atrapados que antes. Hay que prepararse para salir. No es
cambiar por cambiar así sin más. Hay que tomar las medidas precautorias a los
miedos infundados que tendremos, que aunque sean infundados, existen y pueden
hacernos retroceder más que antes. Es como meterse de a poco en el agua, es
como salir de la cueva de a poco, explorando de a poco, dando pequeños pasos,
explorando el terreno, trabajando nuestro propio atrevimiento. De lo contrario
nos hacemos más un daño que un bien. No basta con desear salir de los
mecanismos lunares, sino que hay que prepararse psicológicamente, asistirse,
darse aliento.
Este cuidado
esencial forma parte de la asunción de la propia membrana, del cuidarse a sí
mismo, de ser la propia madre interior ayudando a su niño interior a dar los
primeros pasos, a disipar los miedos, a salir al mundo. Por eso el texto citado
nos dice que salieron los Israelitas de Egipto, pero bien equipados.
Lo contrario
no es nacer sino abortarse en el intento, es una operación kamikaze, un salir
sin piloto en el día más lluvioso y frío de nuestra historia.
Cáncer, la voz del pasado para siempre.
“Moisés tomó consigo los huesos de José, pues
éste había hecho jurar solemnemente a los israelitas, diciendo: «Ciertamente
Dios os visitará, y entonces llevaos de aquí mis huesos con vosotros.” Éxodo 13, 19
Este pasaje nos viene a recordar la cualidad y esencia de esta instancia
del zodíaco. La conciencia de ser separado que experimentamos en Leo es
justamente “de ser separado” porque viene de una unidad previa: Cáncer. Como
dijimos, salir de Cáncer no es eliminarlo sino integrarlo. Esta integración es
necesaria porque conservar a Cáncer significa ser conscientes (ahora que en Leo
puedo ser consciente) de que no salí de la nada, sino que provengo de una
unidad anterior, de un pasado (Cáncer), una familia (Cáncer), un pueblo
(Cáncer) que conserva (Cáncer) su unidad, esa unidad de la que provengo.[1][22]Salimos de una conciencia clánica que conserva su idiosincrasia, su modo
particular de contar la historia, una historia que debe ser conservada y
transmitida.
No es extraño entonces que el pueblo salga de Egipto con los huesos del
patriarca José. Es un testimonio del pasado, de las raíces que a la vez por ser
huesos nos remiten al padre, a Capricornio. Capricornio y Cáncer son la
estructura (huesos) clánica (de José) que es raíz de esta historia.
Es por eso que el salir del útero psicológico no puede conllevar la
eliminación de la conciencia de pertenencia. No debo ser único, porque ser
único implicaría escindirme no solo del clan (Cáncer) sino de mi propia capacidad
creadora (Aries) de mis valores (Tauro) de mi lengua (Géminis) y de todas esas
instancias previas a Cáncer que son justamente la base y el sustento de mi
existir.
En Leo no debo buscar ser único sino singular, particular, aportar ese
brillo (Leo) que estoy llamado a aportar ¿a mí mismo? no, sino al contexto del
que he salido y al que voy. Siempre soy (Leo) parte (Virgo) de una historia
(Tauro) conservada (Cáncer) en una comunidad (Capricornio) y transmitida
(Tauro) en un código (Géminis) del que no me puedo escindir sino a costa de
negarme a mí mismo.
El momento del parto.
El faraón permite la salida del pueblo y su liberación, (la madre se
dispone a parir) y aquello ocurre de noche (Cáncer):
“La nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con
otros en toda la noche.” Éxodo 14, 20
El momento del parto de la esclavitud a la libertad ocurre de noche:
“Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahveh
hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y
se dividieron las aguas.” Éxodo 14, 21
Este relato épico del éxodo del pueblo de Israel tiene todas las notas
de una hazaña nacional y su poética es más que extraordinaria. Tiene todas las
notas de un parto natural en el que luego de las contracciones e incomodidades
previas el niño (Leo) se dispone a nacer.
Ocurre de noche, y sabemos que el agua, la noche y el paso de un estado
a otro corresponden a Cáncer. Es muy figurativo el cuadro de la apertura de las
aguas:
“Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en
medio del mar, mientras las aguas hacían muralla a derecha e izquierda.” Éxodo 14, 29
El momento culminante es el post-parto. Una vez que la criatura sale de
las aguas uterinas de Cáncer atisba a actuar desde Leo, por eso no es extraño
que ni bien obtuvieron esa victoria (Leo) se pongan a cantar (Leo) las glorias
(Leo) de un pueblo recién nacido.[1][23]
De lo que se dice el ser siempre un hijo siempre hijo de.
El útero materno es el primer útero (sin contar el gran útero cósmico y
desconocido pero supuesto de Piscis) del que salimos. Sin embargo estamos
siempre en situación de parirnos a nosotros mismos saliendo de aquellos estados
de comodidad en que nos encontramos, siempre en situación de éxodo hacia
nuestra realización.[1][24]
La travesía de Israel por el desierto es una representación de este
proceso interno del éxodo continuo de Cáncer a Capricornio. Una vez nacidos nos
volvemos a formar nuevos úteros psicológicos que es lo mismo que decir “nuevos
estados similares al primigenio en el que nadábamos seguros en la comodidad y
calidez del vientre materno”.
Dice Sigmund Freud a este respecto:
“Un segundo estímulo para que el yo se desprenda
de la masa sensorial, esto es, para la aceptación de un «afuera», de un mundo
exterior, lo dan las frecuentes, múltiples e inevitables sensaciones de dolor y
displacer que el aún omnipotente principio del placer induce a abolir y a
evitar. Surge así la tendencia a disociar del yo cuanto pueda convertirse en
fuente de displacer, a expulsarlo de sí, a formar un yo puramente hedónico, un
yo placiente, enfrentado con un no-yo, con un «afuera» ajeno y amenazante. Los
límites de este primitivo yo placiente no pueden escapar a reajustes ulteriores
impuestos por la experiencia. Gran parte de lo que no se quisiera abandonar por
su carácter placentero no pertenece, sin embargo, al yo, sino a los objetos” Sigmund Freud, “El malestar en la cultura”
Ensayo CLVIII, Obras Completas, Ediciones Orbis S.A, Vol.19, Hispamérica
Ediciones Argentina S.A
La tentación de volver al estado primitivo y condicionante, cómodo y
cálido de Cáncer es reflejada en los siguientes pasajes del mito:
“Y dijeron a Moisés: «¿Acaso no había sepulturas
en Egipto para que nos hayas traído a morir en el desierto? ¿Qué has hecho con
nosotros sacándonos de Egipto? ¿No te dijimos claramente en Egipto: Déjanos en
paz, queremos servir a los egipcios? Porque mejor nos es servir a los egipcios
que morir en el desierto.»” Éxodo 14,
11-12
La expresión “a morir en el desierto”denota la sensación de profundo
terror ante lo que se desconoce.[i][25]La salida de Cáncer sin la introyección de Cáncer, es decir, la salida
del útero psicológico sin la verdadera introyección de las propias cualidades
maternas puede derivar en los reclamos comunes a aquellos que consideramos
nuestros nuevos protectores, proveedores de bienestar y seguridad. Ese es el
fenómeno de la proyección psicológica. Es común que alguien se vaya de su casa
y corte los lazos primarios que lo ataban a su familia de origen, pero luego
sucede que la pareja o el amigo o el jefe deben “hacerse cargo” del tal aquel,
que en caso de fallas se someterán a los reclamos del “exiliado”: “me hiciste
ir de casa para matarme de hambre, o de aburrimiento, o de soledad” etc., etc.
“Toda la comunidad de los israelitas empezó a
murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto. Los israelitas les decían:
«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahveh en la tierra de Egipto cuando nos
sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta hartarnos!
Vosotros nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta
asamblea.»” Éxodo 16, 2-3
“Pero el pueblo, torturado por la sed, siguió
murmurando contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacerme morir de
sed, a mí, a mis hijos y a mis ganados?»” Éxodo
17, 3
Este cuadro nos relata con exactitud la problemática esencial del
“mamífero astuto” que es justamente su “mamar”. Todo aquello que era Cáncer, lo
nutritivo y lo seguro, se ha esfumado. Se extraña el mantel puesto en la mesa
que se nos ofrecía aún a costa de vivir en un estado limitante de nuestra
propia realización. Entonces el “exiliado” se refugia en la nostalgia (Cáncer
primario) de los ajos y los puerros.
Cuando llegamos a destino.
Para que se
de Capricornio, para que la comunidad tenga lugar como eso, como comunidad,
estado al que se dirigían luego de salir del territorio canceriano de Egipto,
hubo primero de elaborar un código legislativo, es decir, de pasar por
Sagitario. Porque salir de Cáncer no es un salto desde la Fase 4 (Cáncer) hasta
la 10 (Capricornio) sino que el recorrido diacrónico de Fase en Fase es
inevitable. Por eso decimos que antes de ingresar a la Fase 10, a Capricornio,
tuvieron que pasar desde la 4 (Cáncer) a la 5 (Leo) a la 6 (Virgo), a la 7
(Libra), a la 8 (Escorpio) a la 9 (Sagitario), y finalmente a la décima, que es
Capricornio. En este artículo no hemos desarrollado las Fases intermedias
porque nos centramos en la dinámica Cáncer-Capricornio, pero damos por hecho
las Fases intermedias.
La Fase
sagitariana es aquella en la que se elaboran las leyes. Es en esta Fase en la
que pasamos de ser meros clanes a formar parte de algo más grande aún. Moisés
oficia de maestro (Sagitario) y conductor político (Sagitario). El pueblo tiene
un ideal, un fin, ese fin al que los llama “el cielo” se encarna
aspirativamente en la legislación (Sagitario), se hace flecha, una flecha que
tiene dirección. La ley es un ethos del pueblo. La elaboración de los Diez
Mandamientos no es arbitraria sino que era de uso común en la legislación de
aquellos tiempos y conserva su estructura.[1][26]
No es
necesario enumerar ya a esta altura la instancia de la emisión de las leyes
aunque nos veamos tentados a desarrollar las diapositivas de un
Moisés-conductor elevando los brazos ayudado por sus compatriotas, o siendo
aconsejado por su suegro Jetró, el sacerdote de Madián para que no impartiese
justicia él solo sino que comparta esa tarea con hombres capacitados.
Lo único que
cabe señalar es el destino, la llegada a la “montaña del destino” que no fue el
puerto de llegada sino el comienzo simbólico de la identidad comunitaria. Yavé
les había prometido que si eran fieles a la Alianza, al Pacto, serían un
“Pueblo escogido”:
“si de veras
escucháis mi voz y guardáis mi alianza”… (Éxodo 19, 5), “seréis para mí un
reino de sacerdotes y una nación santa.” (Éxodo 19, 6).
No nos
explayaremos en el relato del Sinaí-Horeb. Ya llegamos a Capricornio, al lugar
donde lo clánico (a la salida de Egipto Israel no era en sí un pueblo sino un
conglomerado de varios clanes que se unió a otros que vivían fuera de Egipto)
deja lugar a lo comunitario, y aquellos que subsistían en Cáncer, (ya sea por
vivir en el fértil Egipto, ya sea por mantenerse en el nivel clánico fuera de
él), han tomado las riendas de su destino. Emprendieron la marcha a la montaña
de Capricornio, elaboraron las leyes que regularían la convivencia de las
distintas facciones sociales (adoradores de Elohím, adoradores de Yavé,
adoradores de El-Shadday, adoradores de Atón, circuncisos e incircuncisos,
adoradores de “El”, expatriados de Egipto y nómades del desierto, etc., etc.) y
acordarían una ley y un culto, una identidad y un nombre para la nueva nación
asumida como tal.
Pablo Daniel
Salinas.
[1][1] El
zodíaco representa los ciclos de toda vida, y todo lo vivo es cíclico. La rueda
zodiacal, por ser un círculo cuenta con 360° que pueden dividirse en doce
segmentos de 30° cada uno. El primer segmento es Aries, el segundo Tauro, etc.
Si decimos que toda vida comienza en el grado cero (Aries), y que ese
comienzo es lo nuevo que ingresa a la existencia, entonces eso nuevo (Aries, 1°
Fase) viene de la Fase anterior, la Fase 12, Piscis. Es desde ahí que afirmamos
que Piscis es el caldo cósmico común a todos, porque todos venimos de esa
pre-existencia difusa y desconocida.
Pero ese nacimiento de lo nuevo no sale de la nada. La vida no sale de
la no-vida. Es un ser ya existente (la madre) el que nos trae a la existencia.
Esa madre, ese vientre, está representado por Cáncer, la cuarta Fase.
Venimos de Piscis (el caldo universal) al vientre materno (Cáncer) para
iniciar nuestra existencia (Aries). Esta aclaración vale para la afirmación de
que el deseo de volver al vientre materno (Cáncer) es en realidad un deseo de
volver a la existencia difusa, al Todo representado por Piscis.
El diagrama podría resumirse como Piscis-Cáncer- Aries.
[1][2] Para un mejor abordaje de esta idea consultar “hacerse humano”, Dreifuss Alfredo, Bosia Jorge, Editorial
Trenkehué, Buenos Aires 2007
[1][3] Cf. Sigmund Freud, “El malestar en la cultura”Ensayo CLVIII, Obras
Completas, Ediciones Orbis S.A, Vol.19, Hispamérica Ediciones Argentina S.A
[1][4] Génesis
41,54
[1][5] Génesis
42,1-2
[1][6] Génesis
42, 9
[1][7] íbid
[1][8] Génesis
42, 13
[1][9] Traducción
Reina-Valera 1960
[1][10] La primera suerte recayó sobre el asafita José; la segunda sobre
Guedalías con sus hermanos e hijos, doce;
la tercera, sobre Zakkur, sus hijos y hermanos, doce; la cuarta sobre Yisrí, sus hijos y hermanos, doce; la quinta sobre Netanías, sus hijos
y hermanos, doce; la sexta sobre
Buqquiyías, sus hijos y hermanos, doce;
la séptima sobre Yesarela, sus hijos y hermanos, doce; la octava sobre Isaías, sus hijos y hermanos, doce; la novena sobre Mattanías, sus
hijos y hermanos, doce; la décima
sobre Simí, sus hijos y hermanos, doce;
la once sobre Azarel, sus hijos y hermanos, doce; la doce sobre Jasabías, sus hijos y hermanos, doce; la trece, sobre Subael, sus hijos
y hermanos, docela catorce, sobre
Mattitías, sus hijos y hermanos, doce;
la quince, sobre Yeremot, sus hijos y hermanos, doce; la dieciséis, sobre Jananías, sus hijos y hermanos, doce; la diecisiete, sobre Yosbecasa,
sus hijos y hermanos, doce; la
dieciocho, sobre Jananí, sus hijos y hermanos, doce; la diecinueve, sobre Mallotí, sus hijos y hermanos, doce; la veinte, sobre Eliyatá, sus
hijos y hermanos, doce; la
veintiuna, sobre Hotir, sus hijos y hermanos, doce; la veintidós, sobre Guiddaltí, sus hijos y hermanos, doce; la veintitrés, sobre Majaziot,
sus hijos y hermanos, doce; la
veinticuatro, sobre Romamti Ezer, sus hijos y hermanos, doce. 1ª Crónicas 25, 9-31 Lo curioso del caso es que el número
doce para los grupos de personas que se formaron de cada familia no fue
intencional sino que echaron suertes para dividir los turnos y “casualmente” en
cada tirada Dios hacía salir el número doce. ¿Por qué Dios tendría ese empeño
con este número?
[1][11] En Génesis 49 las asignaciones simbólicas de Jacob a sus hijos: ¿Aries?:
“Rubén, tú eres mi primogénito, mi
fortaleza, y el principio de mi vigor; Principalen
dignidad, principal en poder. Impetuoso como las aguas, no serás
el principal, Por cuanto subiste al lecho de tu padre; Entonces te
envileciste, subiendo a mi estrado.” ¿Tauro?:“Isacar, asno fuerte Que se recuesta
entre los apriscos; Y vio que el descanso era bueno, y que la tierra
era deleitosa; Y bajó su hombro para llevar, Y sirvió en tributo.”¿Géminis?: “Simeón y Leví son hermanos (¿Hacía falta aclarar que “son
hermanos” siendo que los doce son obviamente hermanos?); Armas de iniquidad sus armas. En su consejo no entre mi alma,
Ni mi espíritu se junte en su compañía. Porque en su furor mataron
hombres, Y en su temeridad desjarretaron toros. Maldito su furor, que fue
fiero; Y su ira, que fue dura. Yo los apartaré en Jacob, Y los esparciréen
Israel.” ¿Cáncer?: “Gad, ejército lo acometerá; Mas él
acometerá al fin.” ¿Leo?: “Judá, te alabarán tus hermanos; Tu
mano en la cerviz de tus enemigos; Los hijos de tu padre se inclinarán a ti. Cachorro
de león, Judá; De la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como
león, Así como león viejo: ¿quién lo despertará? No será quitado el
cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y
a él se congregarán los pueblos. Atando a la vid su pollino, Y a la cepa
el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de
uvas su manto. Sus ojos, rojos del vino, Y sus dientes blancos de
leche.” ¿Virgo?: “El pan de Aser será substancioso, Y
él dará deleites al rey.”(recordemos que a Virgo se la representaba con una
espiga de trigo) ¿Libra?: “Neftalí, cierva suelta, Que
pronunciará dichos hermosos.”¿Escorpio?:
“Dan juzgará a su pueblo, Como una de las
tribus de Israel. Será Dan serpientejunto al camino, Víbora junto
a la senda, Que muerde los talones del caballo(Escorpio “muerde los talones”
de Sagitario, el centauro mitad caballo mitad hombre), Y hace caer hacia
atrás al jinete. Tu salvación esperé, oh Jehová.” ¿Sagitario?: “Rama fructífera
es José, Rama fructífera junto a una fuente, Cuyos vástagos se extienden
sobre el muro. Le causaron amargura, Le asaetearon, Y le aborrecieron los
arqueros; Mas su arco se mantuvo poderoso, Y los brazos de sus manos
se fortalecieron Por las manos del Fuerte de Jacob (Por el nombre del Pastor,
la Roca de Israel), Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, Por el
Dios Omnipotente, el cual te bendecirá Con bendiciones de los cielos de
arriba, Con bendiciones del abismo que está abajo, Con bendiciones de los
pechos y del vientre. Las bendiciones de tu padre Fueron mayores que las
bendiciones de mis progenitores; Hasta el término de los collados eternos Serán
sobre la cabeza de José, Y sobre la frente del que fue apartado de entre sus
hermanos.” ¿Capricornio?: No
encontré una alusión a Capricornio en las asignaciones simbólicas de Jacob,
pero recordé que Jacob es el padre, por o que nada costaría suponer que Jacob
agrupó a dos hermanos (Simeón y Leví) en el signo de Géminis (Los Gemelos) para
incluirse él en esta rueda zodiacal cumpliendo el rol que le corresponde, el de
Padre-Carpicornio. ¿Acuario?: “Benjamín es lobo arrebatador; A la mañana comerá
la presa, Y a la tarde repartirá los despojos.” ¿Piscis?: “Zabulón en puertos de mar habitará; Será para puerto de
naves, Y su límite hasta Sidón.”
[ii][12] Cf. Henry f. Meyers, “Mitología Egipcia”, Andrómeda Ediciones,
2004, páginas 52 y 53
[1][13] Pepe
Rodríguez, Dios nació mujer, Litografía Roses, España, diciembre del 2000, pág
147
[1][14] Éxodo 1, 10
[1][15] Éxodo 2,12
[1][16] “La naturaleza de las mismas crea muchos problemas de interpretación, y
desde luego es interesante que — excepto la muerte de los primogénitos —
encuentran paralelo en determinados fenómenos naturales que tienen lugar en la
tierra de Egipto aún hoy día.” - Biblia Comentada de Nácar-Colunga, Cordero,
Arnaldich, de Tuya, Turrado y Etchevarne-
“Es obvio que las plagas están
relacionadas con fenómenos naturales que tienen lugar en Egipto entre julio y
abril, ya sea regularmente cada año, ya esporádicamente a grandes
intervalos...” - Biblia Comentada de Nácar-Colunga, Cordero, Arnaldich, de
Tuya, Turrado y Etchevarne-
[1][17] En la Biblia Comentada de Nácar-Colunga, Cordero, Arnaldich, de Tuya,
Turrado y Etchevarne se cataloga a Moisés y a su compañero como “taumaturgos”: “Probablemente es una frase redaccional de
un escriba que pretende aclarar las narraciones con apostillas sintéticas, de
forma que quede evidente el cumplimiento de los mandatos de Dios a los dos
taumaturgos.” Taumaturgo: taumaturgo,Sinónimos: mago,
adivino, hechicero, milagrero.© Espasa Calpe, S.A. /taumaturgo, ga m. y
f. Mago, persona capaz de realizar milagros o hechos prodigiosos: Morgana es
una de las más conocidas taumaturgas. © Espasa Calpe, S.A.
“Esta es la razón de que se
use una “vara” en la producción de las plagas, pues todo mago egipcio tenía su
varita mágica”
[1][18] Este juego competitivo entre ilusionistas está muy bien retratado en la
película de Disney “El príncipe de Egipto” cuando llegado el momento del
enfrentamiento entre el mago Moisés (que había sido criado en Egipto pudiendo
aprender las artes mágicas) y los magos de Faraón comienza una cortina musical
que repite una y otra vez: “a las grandes ligas vas”, resaltando el carácter de
competencia entre ilusionistas.
[1][19] “En concreto, la edad de Moisés es dividida en tres períodos: cuarenta
años en la corte egipcia, cuarenta años en el desierto de Madián con su suegro
Jetro y cuarenta después de la liberación de los hebreos de la
esclavitud egipcia” - Biblia
Comentada de Nácar-Colunga, Cordero, Arnaldich, de Tuya, Turrado y Etchevarne-
[1][20] Los “prodigios” atribuidos a Moisés de aquí en adelante forman parte
del lenguaje hiperbólico del narrador. De hecho estos fenómenos climáticos son
comunes hasta el día de hoy en Egipto. Lo que ocurre es que la propia tradición
del pueblo con todos sus componentes folclóricos tomó como un signo divino a su
favor todo aquello que acaece de desdichado a Egipto.
[1][21] Esta peste que era común que acaeciese en aquellas tierras se atribuía
a un ángel exterminador del que había que guarecerse con ciertos ritos y
fórmulas. Ahora la tradición israelita la atribuye al mismo Yavé, que mata a
los primogénitos egipcios como señal a su favor.
[1][22] “Lo«Nuevo» en el alma individual
es la recombinación variada hasta el infinito de los ancestrales componentes,
cuerpo y alma tienen por ello un carácter eminentemente histórico y no hallan
en lo nuevo, en lo recién nacido la adecuada morada, es decir, los rasgos
ancestrales se encuentran en el propio hogar sólo en parte. Nosotros no hemos
terminado todavía con el Medioevo, la antigüedad y el primitivismo tal como
nuestra psique exige. En lugar de ello somos lanzados a la catarata del
progreso que cuanto más nos impulsa con más salvaje ímpetu hacia el futuro,
tanto más nos arranca de nuestras raíces. Pero una vez derribado lo antiguo,
generalmente queda también destruido y ya no es posible detenerse en absoluto.
Pero es precisamente esta pérdida de vinculación, este desarraigo, lo que
provoca una especie de «insatisfacción de la cultura» y una prisa tal que se
vive más del futuro y de sus promesas quiméricas de una era dorada, que en el
presente, en el cual todo nuestro trasfondo his-tórico-evolutivo ni
siquiera se ha alcanzado todavía.” Carl Gustav
Jung, Recuerdos sueños pensamientos, Ed. Seix Barral S.A, 1961
[1][23] “Entonces Moisés y los israelitas
cantaroneste cántico a Yahveh. Dijeron: «Canto
a Yahveh pues se cubrió de gloria
arrojando en el mar caballo y carro.
Mi fortaleza y mi canción es Yah. El
es mi salvación. El, mi Dios, yo le glorifico,
el Dios de mi padre, a quien exalto.
¡Un guerrero Yahveh, Yahveh es su nombre! Los carros de Faraón y sus soldados
precipitó en el mar. La flor de sus guerreros tragó el mar de Suf; cubriólos el
abismo, hasta el fondo cayeron como piedra. Tu diestra, Yahveh, relumbra por su fuerza; tu diestra,
Yahveh, aplasta al enemigo. En tu gloria
inmensa derribas tus contrarios, desatas tu furor y los devora como paja.
Al soplo de tu ira se apiñaron las aguas, se irguieron las olas como un dique,
los abismos cuajaron en el corazón del mar. Dijo el enemigo: «Marcharé a su
alcance, repartiré despojos, se saciará mi alma, sacaré mi espada y los
aniquilará mi mano.» Mandaste tu soplo, cubriólos el mar; se hundieron como
plomo en las temibles aguas. ¿Quién como tú, Yahveh, entre los dioses? ¿Quién
como tú, glorioso en santidad,
terrible en prodigios, autor de maravillas? Tendiste tu
diestra y los tragó la tierra. Guiaste en tu bondad al pueblo rescatado. Tu poder los condujo a tu santa morada.
Oyéronlo los pueblos, se turbaron, dolor como de parto en Filistea. Los
príncipes de Edom se estremecieron, se angustiaron los jefes de Moab y todas
las gentes de Canaán temblaron. Pavor y espanto cayó sobre ellos. La fuerza de
tu brazo los hizo enmudecer como una piedra, hasta que pasó tu pueblo, oh
Yahveh, hasta pasar el pueblo que compraste. Tú le llevas y le plantas en el
monte de tu herencia, hasta el lugar que tú te has preparado para tu sede, ¡oh Yahveh! Al santuario,
Adonay, que tus manos prepararon. ¡Yahveh reinará por siempre jamás!» Porque
cuando los caballos de Faraón y los carros con sus guerreros entraron en el
mar, Yahveh hizo que las aguas del mar volvieran sobre ellos, mientras que los
israelitas pasaron a pie enjuto por medio del mar. María, la profetisa, hermana
de Aarón tomó en sus manos un tímpanoy
todas la mujeres la seguían con tímpanos
y danzando en coro. Y María les entonaba el estribillo: «Cantad a Yahveh
pues se cubrió de gloria. arrojando
en el mar caballo y carro.»” Éxodo 15, 1-21
[1][24] “…el Espíritu
Santo se infunde en los apóstoles y les convierte en hijos de Dios, y no sólo a
ellos, sino a todos los demás que por medio de ellos y después de ellos
sintieron la filiatio,la
obediencia filial a Dios, y también participaron de la certeza, de modo que ya
no eran animalia autóctonos brotados de la tierra, sino, como nacidos por segunda vez, se enraizaron en la divinidad misma. Su vida visible, corporal, era de esta tierra; su
hombre interior invisibletenía su origen y su futuro en la imagen primitiva
de la totalidad, en el Padre eterno,
tal como explica el mito de la
historia sagrada cristiana.” Carl Gustav Jung, Recuerdos
sueños pensamientos, Ed. Seix Barral S.A, 1961
[1][26]“Importa
señalar que los pactos internacionales de soberanía revestían entonces una
forma orgánica que reaparece en las alianzas bíblicas. No se trata de una mera
formulación literaria. Ésta, más bien, refleja una ideología muy clara sobre el
papel de salvadordesempeñado por el
soberano. Era la función esencial del rey en el Oriente antiguo. Los pactos de
soberanía suponen esa cualidad real tanto en el pasado como en el futuro. Ahora
bien, los hebreos utilizaron felizmente ese lenguaje jurídico para expresar sus
relaciones con el Dios Salvador del
éxodo. Yavé hace una Alianza con Israel después de haber salvado, y promete su
protección para siempre. La formación de esos pactos, hechos entre dos figuras
desiguales, consta de varios elementos típicos.” J. Severino
Croatto, Historia de la Salvación, Ed. San Pablo, 1995, Chile.
[i][25] “Los conductores ayudan a los pueblos a
transitar el desierto, como hizo Moisés, según el mito hebreo. Y “desierto” no
hace referencia a un lugar en el que sabemos
que no hay nada, sino a un lugar en el que no sabemos qué hay.”hacerse humano, Dreifuss Alfredo, Bosia Jorge, Editorial
Trenkehué, Buenos Aires 2007, pág. 171