*Por Pablo D. Salinas
Al que está sentado en el trono
Al que está sentado en el trono
¿Qué o quién es el Absoluto? Muchas respuestas
se han intentado respecto de esta pregunta y ésta no será una de ellas. Para
disertar sobre lo celestial ya tenemos a un sinfín de eunucos que dedican su
vida a tal fin y que inquieren al cosmos y a su silencio por el sentido de las
cosas.
¿Por qué me animo
yo a iniciar esta encíclica sobre el signo de Acuario con una pregunta que no
corresponde a las cosas sino a las no-cosas? Porque Acuario es la negación de
las cosas.
Dícese de Acuario
que es un signo de aire. Para los astrólogos existen cuatro elementos a los que
se circunscriben todas las cosas: Tierra, Agua, Aire y Fuego. Acuario
pertenecería a los signos de Aire junto a Géminis y Libra.
El Aire es un
elemento que despeina el cabello, descuaja los cedros del Líbano, transmite el
Prana de los yoguis, transporta las huestes demoníacas inspiradoras del mal
para los apóstoles y profetas (“siguiendo la corriente
de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que
ahora opera en los hijos de desobediencia” Carta a los Efesios 2, 2-3), y está habitado
por entidades angélicas para los newagers.
El Aire representa
lo etéreo, el mundo de las ideas platónicas, el más allá del horizonte que
inspira ideas de infinitud, libertad y transparencia.
Acuario, que es un
signo de Aire, tiene correlación directa con el cielo al que también asociamos
con el aire. Esta no es una idea nueva: para el protestantismo El CIELO se
corresponde con el aire como lugar en el que habita Dios (“Luego nosotros los que vivimos, los
que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para
recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” 1ª Tesalonicenses 4, 17). En el aire ondean las banderas, se desplazan las aves, descansan las
ideas.
Pero, ¿qué ideas?
¿qué dioses? Acuario es a cada uno su propia idea final sobre la existencia.
¿Cuál es el valor Absoluto que rige la vida de los hombres? ¿Cuál es su
Acuario? Para algunos será el amor; para otros, el dinero o el poder; para otros,
la fuerza, la valentía, el coraje; para otros, el valor absoluto será el placer
o la renuncia, las posesiones, la belleza, el saber, los dioses, la naturaleza…
Un valor absoluto
es un principio que rige todos los aspectos de la vida de una persona. ¿Por
qué? Porque somos como una flecha (Sagitario) disparada al infinito (esta idea
tampoco es nueva: ya la había dicho San Agustín de Hipona), como un cohete que
una vez disparado sigue una dirección, va como hacia algún lugar, aunque no se
llegue nunca a ese puerto. Algunos han dicho que ese lugar hacia el que se
corre es la felicidad. Otros dijeron que el mismo es una idea que se tiene
sobre el mundo y sobre sí mismo y que se trata de realizar. Otros han hablado
de una entelequia, es decir, de una forma final que habita en el pensamiento y
que uno quiere concretar en sí mismo para darle sentido a la existencia. El
Valor Absoluto es aquel por el que hacemos todo lo que hacemos, pensamos todo
lo que pensamos y está hecho de nuestras propias aspiraciones, nuestra propia
concepción de lo que es mejor o superior.
No nos han faltado
películas o historias que muestren a un guerrero venerando la imagen de algún
antepasado guerrero famoso por sus hazañas. Ese hombre venera el retrato de
otro hombre en el que residen los valores que para él son supremos. O el niño
que venera a sus superhéroes, o el fan devoto de su artista preferido, o el
culto a los próceres, a los santos, a los dioses antiguos, ¡y hasta a los
mismos valores! (libertad, igualdad, fraternidad).
Acuario es ese
estante vacío en el que depositamos la imagen de aquello que creemos que es lo
mejor de lo mejor, mejor que nosotros, mejor que todos, mejor que el mundo,
mejor que la pobre vida que se vive al lado de eso que siempre es mejor.
Pero Acuario, el cielo,
no está habitado por algo/alguien. Acuario es un trono vacío en el que nosotros
mismos (sea individualmente, sea colectivamente) depositamos una imagen a la
que adorar, un valor que defender, una idea que sostener, una verdad, una luz
que se siente en ese trono y le dé sentido a nuestra vida.
Algunos sentarán en
ese trono a Dios; otros a la Energía Cósmica; otros al placer, al trabajo, al
coraje, a la belleza, la fuerza, el poder… Pero Acuario no será ninguno de
ellos, Acuario no tiene rostro (no es Leo, su opuesto, que tiene rostro,
individualidad, identidad), porque Acuario no es el que se sienta en el trono,
sino el trono mismo. Porque Acuario es siempre privativo, es decir, es una
ausencia allí donde hay posibilidad de presencia. Pero una vez que ALGO se hace
presente (Leo es la presencia), Acuario deja de ser Acuario, o dicho de otra
forma, la COSA se expande hacia el VACÍO, y ese vacío conquistado por la cosa
deja de ser vacío para ser COSA. Podría decirse que el VACÍO, pensado así,
también es una cosa, pero nos olvidamos que nuestra capacidad intelectual no
está apta para pensar o admitir el vacío. Eso es ya un indicio de cómo el vacío
nos es totalmente ajeno, como ajenos serán los dioses, los santos, los héroes,
los próceres y los valores que preconizamos con tanta ligereza.
El trono vacío, el
estante vacío, es un punto que nos llama a la creatividad. ¿A quién sentamos
ahora en el trono? ¿A quién ponemos en el estante? También podemos comparar a
Acuario con un portarretratos: se compran vacíos (o con una imagen vacía de
significado, es decir, comercial) y están listos para ser habitados por la
efigie de nuestro objeto más preciado (sea éste real, imaginario o ideal). Pero
fíjense que los portarretratos vienen vacíos (de significado, al menos) y somos
nosotros los que los llenamos de algo significativo. Eso significativo que
ponemos en el portarretratos no es significativo para todos sino sólo para
nosotros. Somos nosotros los que hemos cargado de significado (de cierto
significado y no de otro) a la cosa. La cosa no significa por sí misma sino que
nosotros elegimos atribuirle esa significación. La foto de ese muelle que
tienes en el portarretratos que está sobre la biblioteca no significa nada para
el visitante. Si él te pregunta, tú interpretarás su significado; le dirás que
es el muelle del que partió tu padre la última vez que lo viste antes del
naufragio… El mismo muelle en otros portarretratos en otras casas otros
significados tendrá, efectivamente. Somos nosotros los que deliberadamente atribuimos
significado a las cosas, y también somos nosotros los que al más importante de
esos significados colocamos en el portarretratos más sobresaliente de la casa.
Somos nosotros los que sentamos a un rey en el trono. Somos nosotros los que
decimos que Dios es Dios y que él es lo más importante en nuestras vidas. Otros
dioses en otros corazones y en otras culturas, otros ídolos y efigies, otros
próceres, otros valores que determinan la conducta, que orientan el camino y
que nos hacen caminar con esperanza de porvenir.
A este efecto
conviene citar a modo de ejemplo el mito del pueblo hebreo vagando por el
desierto cuarenta años en busca de la tierra prometida. Habían salido de Egipto
guiados por el caudillo Moisés y Dios les había prometido llegar a una tierra
de la que manaba leche y miel. A esta patria le llamaron la Tierra Prometida.
Caminaron cuarenta años dando vueltas en el desierto (se dijo que esas vueltas
eran para purificar al pueblo de las idolatrías adquiridas en su estadía en
Egipto). Caminaron llenos de esperanza y no exentos de dificultades. Tuvieron
hambre, calor, sed, sufrieron el azote de la enfermedad, pero se mantenían
firmes en la esperanza de alcanzar la tierra que hoy para los cristianos
equivale a un cielo. Su marcha tenía un sentido. Hasta ahí estamos en
Sagitario. Sagitario es el signo del flechador que apunta al cielo (Acuario).
La flecha sale disparada a la nada (Acuario) pero avanza como si tuviese un
sentido, es decir, un lugar al que llegar, un blanco en el que aterrizar. El
pueblo hebreo lo mismo avanzaba como si tuviese delante de sí un destino.
Pero resultó que una
vez llegados a la “tierra prometida”, ni leche ni miel sino cardos y espinas.
Ninguna patria sino un terreno habitado por otros pueblos, otras culturas con
las que habrían de convivir hasta asimilarlas o vencerlas. Nada de patria
eterna al pueblo elegido sino un terruño disputado por imperios más fuertes que
no tardarían en derrotarlos, invadirlos, saquearlos, subyugarlos, deportarlos y
dispersarlos para siempre. Hasta el día de hoy (desde hace tres mil años) están
esperando la tierra del ensueño.
Jesús, natural de
Nazareth, sospechando quizá la indefensión eterna de sus paisanos, trasladó la
esperanza de conquistar un espacio geográfico a la maravillosa y mejor idea de
conquistar un cielo (preparado por el mismo Dios que incumplió la promesa de la
tierra), es decir, un espacio ideal. A la lucha de los judíos contra los dioses
paganos se la reformuló en lucha contra el pecado que habita en el interior del
hombre; la obligación de cumplir los preceptos legislativos del Antiguo Pacto
trocó en el amor al prójimo como entidad universal; la idea de un mesías
caudillo que los liberaría de la opresión romana mudó a la de un mesías que los
libraría de la muerte, pero la liberación de la muerte que se esperaba como
bien corpóreo en lo que se llamó “la resurrección de los justos” también se
transformó en una vida eterna en sentido espiritual. Es decir, Jesús hizo una
transferencia del objeto de deseo real a uno más fácil de arribar que es el
ideal o imaginario. Jesús acuarianizó los fines del pueblo de Israel: “Mi reino
no es de este mundo” “En la casa de mi Padre, muchas moradas hay y voy a
prepararlas para ustedes”.
Es decir, la flecha
disparada hacia la nada, el pueblo hebreo caminando hacia una patria
inexistente, hacia un futuro idealizado, los hombres, los pueblos, cada uno de
ellos avanzando hacia su propia idea de porvenir, son esfuerzos y avances (muy
buenos, muy loables, muy dignos) que no tienen sentido.
No hay un algo
hacia el que dirigirse. No hay meta. No hay fin. Acuario es el cielo hacia el
que apunta la flecha del Centauro. Acuario es el fin, el principio que rige las
conductas, el valor supremo y absoluto (individual y colectivo), pero, ese
lugar está vacío, esa meta no existe, ese fin es pura idea, ese lugar es el
NO-LUGAR hacia el que nos dirigimos irremediablemente y por el que luchamos a
capa y espada como si de algo sirviera.
Nos da tanto miedo
suponer que no hay nada más allá del horizonte… ¡tanto miedo! Porque resulta
que queremos vivir, y que hacemos cosas porque creemos que todo esto tiene un
sentido, una razón de ser, un final feliz (o infeliz, pero un final determinado
al fin).
No somos lo
suficientemente corajudos como para asumir que no hay meta ni patria y, pese a
ello, actuar. Es por eso que preferimos sentar a alguien en el trono o colocar
una imagen en el portarretratos.
Pero, si bien
Acuario es la nada hacia la que nos dirigimos, el sinsentido, el no-lugar, no
por ello necesariamente debemos dejar de actuar. A mi juicio, es muy potable la
idea de seguir haciendo de cuenta que hay patria, que hay destino, que hay meta
y fin. Hacer de cuenta que hay dioses, valores y principios eternos es sano
porque nos incentiva a actuar y el actuar nos habilita a vivir y experimentar.
El problema con un trono ocupado es que a veces lo que entronizamos allí parece
tener derecho vitalicio y se queda ahí fijo por muuucho tiempo, cosa que nos
limita y condiciona a un punto en el que ya no somos nuestras posibilidades
sino una copia con Nihil Obstat y Licencia Eclesiástica, es decir, una cosa
aprobada por lo que está sobre el trono. Eso que está en el trono vive a costa
nuestra y toma carnadura en nosotros. Nuestras posibilidades de ser se limitan
a eso y no a otra cosa. Nos hacemos fijos como Acuario que es un signo fijo.
Nos hacemos testarudos, nos petrificamos como el mármol vaticano, nos
cristalizamos.
Caminar como si hubiese meta y fin nos habilita
a movernos y experimentar. Fijar la meta como un absoluto inamovible y eterno
nos desnaturaliza.
Cortarle la cabeza al rey
La Revolución
Francesa ocurrida en 1789 (ocho años después del descubrimiento del planeta
Urano, regente de Acuario) se desató en una época en la que los reyes habían
llevado al extremo su posibilidad de gobernar instaurando la idea absolutista
que no reconocía límites para el modo de ejercer el poder. Esa falta de límites
expresa la soberbia leonina. Leo es el signo opuesto a Acuario. Cuando los
hombres se dan cuenta de esta desmesurada idea de plenipotencia, toman
conciencia de su propia posibilidad de gobierno (democracia) y luchan hasta
liberarse de las monarquías absolutas. Rodaron varias cabezas, tomaron las
armas de la Bastilla, se proclamaron los Estados…
Lo mismo ocurre con
nosotros cuando nos internamos en el nivel de lo acuariano. Liberarse es, por
ejemplo, dejar el portarretratos vacío (yo he colgado uno así en la pared) y
asumir que no hay finalidad ni significado. Que el significado es siempre una
construcción arbitraria y subjetiva y que no hay más fin que el que elijamos
para nosotros en vida (dentro de las posibilidades reales) o la muerte.
Varios locos
acuarianos he conocido; el loco Mario, mi cuñado Gastón, Jaqueline la travesti…
creo que todos ellos apostaban a cortarle la cabeza a más de uno que se les
quiso hacer el Luis XVI.
El Menos Indicado.
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1 comentario:
Hola Pablo, me ha gustado mucho tu entrada. Hace pensar.
Con respecto al pueblo hebreo y su viaje. Pienso que ellos no prestaron atención al camino sino al blanco, un blanco hecho de ilusiones como las que teje Sagitario en Acuario. El arco de circunferencia que se forma entre el 0º de Sagitario y el 0º de Acuario tiene su centro en el 0º de Capricornio, allí es donde pone la flecha Sagitario cuando se apoya en Acuario. Encontraron a Capricornio y a Saturno, un dios severo es el suyo, y su tierra también lo es. Deber ser éso, y no otra cosa. Éso, y no hay alternativa. Éso es el 0º de Capricornio en la carta del 0 de Aries, el MC.
Cuando el arco de circunferencia se apoya en el 0º de Acuario y en el 0º de Aries, la flecha se coloca en el 0º de Piscis, la cúspide de casa 12 en la carta del 0º de Aries. Allí está la reforma cristiana.
La carta del estado de Israel tiene ASC en Aries y Capricornio en el MC. Han vuelto con Moisés a la eterna disputa.
Tal vez la solución para ellos sea el compartir la Tierra Prometida prestando atención al camino en lugar de a la meta.
Y sería usando el sextil que se apoya en el 0º de Piscis y el 0º de Capricornio, entonces la flecha apoya en el 0º de Acuario y no hay una meta sino un camino a realizar.
Yo lo veo muy claro en el cuarto cuadrante, pero esto es algo de leer los signos sin prejuicios usando el vacío de Acuario.
Seguiré tus entradas, gracias Pablo.
Un saludo
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