Siempre tuve piedad de los demonios, tanto en la época de los exorcismos como en la de las abreacciones. Algún tipo de solidaridad me unió siempre a los seres del inframundo (o a su idea). Porque, de un modo efectivo, también yo, también nosotros hemos sido expulsados de la presencia del Uno.Con el Sol en Leo, el signo de la luz, el signo de la claridad, la individualidad, cabe preguntarse por esos úteros que hemos dejado, de los que hemos nacido, que nos han parido.
Antes de Leo, está Cáncer. Cáncer es un signo de agua, femenino, materno, oscuro y cálido. De esa oscuridad mágica, clánica, familiar, nos eyectamos hacia la individualidad. Nos vamos de casa, saltamos el umbral de la vagina de mamá, salimos del portón de casa, decimos “chau”, nos lanzamos al mundo con paso luminoso y prepotente; ahí estamos en Leo, decimos: ESTE SOY YO.
Pero salir de la oscuridad de Cáncer y pasar a la luz de Leo es no solo superación sino negación. Recordemos que Leo está ciego, que Leo no existe para sí mismo sino para los demás en el sentido de mostrarse, exhibirse.
Así Leo exhibe todo su Yo, su sí mismo. ¿Cuál es el precio? Exorcizar. En la Edad Media, todo era Cáncer. El mundo era Cosmos, todo era símbolo y magia, el mundo estaba cargado de psiquismo religioso y espiritual, intrafamiliar, clánico (Cáncer). Con el advenimiento del protestantismo (Leo) toda esa cosmogonía se desarma, se iluminan las zonas oscuras, la fe pasa a ser individual (Leo), independiente (Leo) y Lutero propondrá la salvación individual en vez de colectiva. Leo era la puerta para Virgo (Capitalismo y Ciencia).
Pero, decía que Leo es negación, exorcismo de todo lo mágico, de toda comunión, de toda el ánima mundi, del Brahmán.
Pero el Brahmán está ahí, oscuro e irracional, desordenado, combatido por los guerreros de la luz que en su cruzada contra la oscuridad se mutilan a sí mismos, se escinden de ese psiquismo poblado de demonios, dulces ricos demonios, pulsiones del hambre, de la sexualidad…
Leo es negación de esa rica oscuridad que nos habita.
Consejo del día: no encendamos todas las luces. Dejemos un espacio digno a las obras de la carne, una puerta al submundo, una posibilidad a la magia, el desorden, la dicha.
-El Menos Indicado-
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