Esta encíclica no es para vosotros. Desestimadlo de entrada. Podéis mirar por la ventana, podéis husmear un poco, podéis prever, porque estábamos en Capricornio, en la montaña estábamos, en el Horeb junto a Moisés recibiendo la ley, las tablas, la paternidad, aunque lo hayamos matado en Meribá y Masá, nuestros padres lo mataron al pobrecito como al protopadre aquel mono hinchapelotas.
Estando en la montaña vuestra vista toca el cielo lo tiene a mano la inmensidad tiene a mano. Pero no la toca. El Universo es una extensión fría y solitaria, silenciosa en la que un minúsculo e insignificante terrón húmedo ha criado hongos, nosotros esos hongos, la vida es un hongo crecido en el pequeño terrón en el Universo lo es frío lo es.
Pero no divaguéis, vosotros, divagadores. Mirad el cielo. Mirad el lugar de todas las perfecciones. ¿Sabéis cuántos sabios han visto e intuido en él las perfecciones? En nuestra vida han visto, aquellos, mugre y desorden, y en el cielo la quietud, el orden la perfección. Fue no solo cuestión de filósofos: los chamanes y sacerdotes de todas las religiones, (sagitario), también vieron en el cielo la morada de los dioses. Ellos los dioses, nosotros los hombres, mamíferos cálidos y torpes, débiles, frágiles, pecadores, imperfectos ante los majestuosos habitantes del ouranós, incorruptos, pulcros, elevados, luminosos perfectos eternos.
Mientras tanto, aquí, en la tierra generosa en humedades, los trastes huelen a trastes, las axilas, los tufos, las mugres, los hongos. Hay que adicionar las deformidades, las enfermedades, los hacinamientos, las pobrezas, las transpiraciones, las borracheras, las infecciones los eructos, los ronquidos los ruidos los flatos, las comidas, los platos sucios.
Hay mucho mucho en esta tierra generosa en humedades que nos distancia nos diferencia del cielo.
El Universo muerto infinito acunó imposible y milagrosamente esta minúscula partícula de vida, nuestro planeta, una semilla latente de especies varias varias húmedas y ebullentes, burbujeantes en su vida inquietas reproductivas competitivas complejas la vida la vida, compleja y evolutiva la vida. Pero estos microorganismos cósmicos no tienen una vida pulcra. Huelen se reproducen secretan fluidos de sus glándulas abundantes.
Porque no somos el Cosmos. Somos una pequeña sucia y cálida partícula inquieta en un cosmos vacío, un par de hormigas perdidas en una estepa de hielo, agresiva la estepa, hostil la estepa.
Y los dioses, el cielo y su silencio observaron nuestra vida con envidia. Nuestros sacerdotes nos dijeron que los dioses eran el principio y fin de todas las cosas, y que sus cielos, y que sus premios, y que sus elíseos campos, y que sus luces y nirvanas, y que sus pulcritudes varias, chucherías de la eternidad, del blanco museo estéril de los dioses.
Cronología de la vida en general:
Aquí, mientras tanto su vida divina eterna estática, mientras tanto aquí en Aries nacimos de la materia preexistente. Miles de años pasaron miles de logros de la vida diversificada en ya tantas especies, mucha experiencia, muchos éxitos, y eso fue la era de Tauro, la materialización y acumulación de éxitos e historia. Cuando Géminis, bueno, Géminis estuvo también desde el principio, porque es la capacidad de relación, y sin Géminis nada se hubiese podido relacionar con nada y los dioses se hubiesen aburrido eternamente mirándose el uno al otro esos rostros de huevos beatos. Géminis, es decir, la capacidad de relación e intercambio de todas las cosas con todas las cosas estuvo desde el principio, desde Aries , desde Tauro. Desde Cáncer la vida entera en desarrollo creando pieles y membranas, y a los miles de años clanes, y a los miles de años civilizaciones. Cáncer siempre la vida mamífera, Cáncer. En Leo la conciencia, en Virgo la organización, en Libra la otredad, en Escorpio la fusión, en Sagitario la colectividad hacia el ideal, en Capricornio la sima de la montaña todo lo que logramos nuestro techo nuestro techo nuestro todo lo que logramos, nuestro techo.
Ahora Acuario.
Yo digo, digo y sostengo, quizá me equivoque, digo afirmo sostengo que Acuario no nos pertenece.
Lo dije. Lo repito: Acuario, lo que Acuario viene a aportar al ciclo, como especie, como parte de la vida, como integrante de la biósfera, como microorganismo viviente del Cosmos, afirmo que Acuario no nos pertenece.
Digo que nos pertenecen los primeros diez signos zodiacales en nuestra carrera de la vida. Pero Acuario no, Acuario es otra cosa.
¿No os dais cuenta? Dijimos que en Capricornio habíamos llegado a la sima, al techo, al nivel más alto de realización, al pico de la montaña y que moríamos, desde allí lo único que quedaba era descender, morir. Están quienes se paran en puntas de pie o agregan un escalón más, un logro más, un avance más para la especie que avanza hacia el ideal. Pero se para en puntitas de pie un ratito, construyó el nuevo escaloncito y murió, le llegó Capricornio y murió, y la montaña, cada vez más alta, nunca deja de ser montaña cada vez más alta, pero montaña al fin, faro desde donde divisar la solitaria infinitud del espacio.
El espacio, el más allá del espacio, la nada, los dioses, la eternidad, eso es Acuario. No nos pertenece. Nuestra vida se acaba en Capricornio.
Nacemos en Aries, morimos en Capricornio. Así de simple. Así de sencillo. ¿Y qué ocurre con Acuario y Piscis? No desesperéis. Acuario es el cielo, la nada, los dioses. Nada tiene que ver con nosotros. Pero he aquí que el sol ha ingresado en Acuario, y los planetas también pasan por allí, y algo tiene que significar en nuestras vidas.
Sí. Algo significa. No os equivocáis.
Acuario es esa parte nuestra no humana. Acuario es esa parte nuestra que encarna la nadedad del cielo. Es por eso que en Acuario los humanos no viven su vida humana sino que encarnan, ensayan, imitan a la divinidad.
La divinidad no nace ni muere, la divinidad el cielo la nada es eterna. En la eternidad no hay cuerpo, los dioses no tienen cuerpos, en la divinidad no hay moscas ni olores ni posesiones. El cielo es cielo y punto, en el cielo se acabó la milonga. En Acuario los hombres se desprenden de su animalidad y viven esa parte de ellos que no sé cuál es pero se les nota, esa parte de ellos libre del hambre y de todos los apetitos y de todas las preocupaciones. En Acuario los hombres sospechan que vuelven a la nada infinita. Entonces comparten, entonces se desprenden de los logros y comparten, se desprenden de Capricornio y comparten. En Acuario ya no hay pasionalidad sexual. En Acuario se da la amistad libre de las ataduras afectivas de los signos humanos y sociales. En Acuario el hombre vive en un Olimpo, como un dios con otros dioses, y encarna juega ensaya su divinidad. En Acuario, los hombres son agentes de la nada.
Eso es Acuario, la no materia, la no vida, las no ataduras, el no mundo, las no cosas. La nada. Memorizadlo: la nada. Esa nada no es nuestra, esa nada es de los dioses que también son nada. Nosotros somos algo, somos las cosas, somos la materia, somos de Aries a Capricornio, somos. Acuario es la nada.
Pero esa nada, fuente de todas las cosas, fuente inagotable del todo, de todas las cosas que existen, esa nada es fuente y por eso el signo de Acuario se representa como un muchacho con un jarrón tirando agua hacia abajo. Representa el lugar de los dioses, el reino blanco y eterno de la nada desde donde baja inagotablemente todo, las cosas, nosotros.
Eso es Acuario. Todo ese cúmulo de abstracciones mareabundas vertiginosas.
El sol está en Acuario. Nacen personas con el sol en Acuario a las que llamamos acuarianas. También hay personas que no nacen en estas fechas y que también son acuarianas por tener muchos planetas en ese signo o al ascendente y otras excusas astrológicas.
Quiere decir que nosotros, como humanos, encarnamos, de una u otra forma, todas estas cualidades acuarianas que dijimos que no son humanas yo lo afirmo y me hago cargo.
Ese vacío de materia y necesidad acuarianos puede ser dramatizado por un individuo de diferentes formas.
Allí tenéis, en primer lugar, a los locos. Locos de remate fuera de los cánones y estructuras. Locos etéreos y psicodélicos. Locos estridentes, locos, los locos coloridos auténticos libres acelerados los locos.
Los ascetas son otra especie de locos que entran en esta vorágine de despliegue acuariano. Ya lo dije, agentes de la nada, de lo nuevo y originario y divino. Ellos renuncian al mundo y se desprenden de todo y a duras penas dejan subsistir El cuerpo, porque viven en el cielo, su mirada en el ouranós, en las estrellas, son las estrellas, son la inmensidad y su vacío, son el aire, son todas las ideas, son livianos muy livianos, encarnan la muerte anticipada, la angelicidad.
Fijáos por ejemplo en Juan el Bautista, un esenio primo de Jesús que vivía en el desierto y se alimentaba de langostas y vestía pieles hediondas y cualquiera diría hoy que estaba loco. Desafió al monarca y le cortaron la cabeza: “Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre.” Mateo 3,3-4.
Fijaos en estos locos célibes desprendidos de toda posesión material. Escuchemos la santa palabra: “Los discípulos le dijeron: "Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse". Y él les respondió: "No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!". Mateo 19,10-12.
Fijaos en este otro fragmento: “Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Lucas 20,34-36.
Célibes, célibes castrados hijos de Urano, Urano el dios al que Saturno le cortara los testículos.
Escuchemos un fragmento de la encíclica Ad Catholici Sacerdotii del Papa Pío XII refiriéndose a la renuncia del cuerpo para los que se dedican al templo: “se entrevé cierta conexión entre esta virtud y el ministerio sacerdotal. Siendo verdad que Dios es espíritu (Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.»Juan 4,24.), bien se ve cuánto conviene que la persona dedicada y consagrada a su servicio en cierta manera se despoje de su cuerpo.” Ad Catholici Sacerdotii 33.
Pero no son los únicos. En toda religión existió una casta dedicada a las cosas divinas que vivía en completa castidad.
Es lamentable para muchos que en esta encíclica sobre Acuario surja el componente religioso, dado que lo divino se hace presente y en Acuario lo humano se acerca a lo divino. Prosigo: Locos apartados de la montaña social, de Capricornio, de las formas y convenciones. Alejados de las convenciones. Preguntáos qué es lo convencional, lo convenido, lo consensuado entre los individuos para sobrellevar la vida en sociedad, preguntáoslo y sabed que Acuario está más allá de esas convenciones y se caga en ellas. Las convenciones son la montaña y Acuario es el cielo que las mira desde arriba y que no las toma para sí, no las acata porque simplemente no puede no debe no es su cualidad acatar sino ser otra cosa. No ser lo que comúnmente se es.
Os expongo dos fragmentos más de otros textos religiosos y os prometo que ya no os molesto más. Os lo dejo para que reflexionéis sobre ellos y notéis el componente acuariano que los traspasa.
Del Evangelio de Juan:
“El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.” Juan 3,8.
De la encíclica Evangelii Nuntiandi de Su santidad Pablo VI leemos:
“Consideramos ahora la persona misma de los evangelizadores. Se ha repetido frecuentemente en nuestros días que este siglo siente sed de autenticidad. Sobre todo con relación a los jóvenes, se afirma que éstos sufren horrores ante lo ficticio, ante la falsedad, y que además son decididamente partidarios de la verdad y la transparencia.” Evangelii Nuntiandi 76.
Listo. Lo prometido es deuda. Deuda es una palabra pisciana que no corresponde a este lugar.
Dijimos cosas de los locos, los ascetas y los célibes. Locura y renuncia, desprendimiento de la materia, de la vida, de lo vivo, de lo orgánico, eso es Acuario. Dijimos que Acuario es el cielo y la nada y los dioses. La locura y la renuncia son por tanto una consecuencia lógica de esta cualidad.
Pero no solo los locos, los renunciantes y los renunciantes locos miran al cielo o hacen de la tierra un cielo. También otra clase de locos hay que marcan la diferencia: los artistas, revolucionarios, los rebeldes sin causa, los visionarios. Todos aquellos que rompen los esquemas vigentes, tienen unos más otros menos un gran componente acuariano.
Mirad, por ejemplo, esas propuestas de una sexualidad diferente en los principios de la era cristiana. Mirad hoy la homosexualidad, que no es algo nuevo, sino que lo nuevo de la homosexualidad radica en su liberación contemporánea de aquellas ataduras que la confinaron al cajón de lo diferente, de lo otro.
Locos, artistas, homosexuales, ascetas, revolucionarios, visionarios. Se pone divertida la cosa. Acuario siempre se pone divertido excepto para quienes lo sufren, para quienes no lo integran, para aquellos que lo niegan, que viven aferrados a las estructuras, a Capricornio y se arrodillan ante la montaña y se aferran a ella porque no conciben los vientos de cambio, el aire que entra por la ventana, lo súbito y sorpresivo que emana incesante de la fuente del aguador.
Pero no voy a caer ahora en la gran hipocresía de creerme yo, El menos Indicado, un acuarianista de vanguardia desprendido de las estructuras y abierto a lo original y sorpresivo del loquísimo peligrosísimo vertiginosísimo, transparentísimo , angelicalísimo, diferentísimo Acuario. El superlativo de estas últimas palabras es a propósito dado que Acuario es lo inmenso e inconmensurable y que Urano es un planeta transpersonal que viene a significar cosas grandísimas. Por eso me doy el permiso de usar tantos ísimos e ísimas, ya que cada vez que tratemos con planetas transpersonales todo será ísimo: grandísimo, loquísimo, etc.
No haré la gran farisaica ahora, justo en este signo, para decir que soy un gran adelantado. Muchos hay que piensan ser agentes de acuario y que lo único que hacen es parodiar al gran diferenciador con productos y etiquetas New Age, para generar admiración en derredor. Y déjenme decirles a esos payasos que buscar la admiración es leonino y no acuariano, y que buscando acuario encontráis a Leo, el opuesto de Acuario porque lo buscáis mal. Queréis la chicha y la limonada. Queréis ir al cielo con una valija llena de chucherías terrenales que en nada os adelantan sino que al contrario, os tiran para atrás, como dice Charly García en su canción de los dinosaurios, dice:
“Si los pesados mi amor llevan todo ese montón de equipaje en la mano, Oh mi amor, yo quiero estar liviano; cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada, imaginen a los dinosaurios en la cama. Cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada, imaginen a los dinosaurios en la cama.”
Pero hay algo que no os he dicho todavía.
Paso a informaros:
La nada nos aterra.
Lo otro nos aterra.
Lo heterogéneo nos aterra.
El no mundo que amenaza nuestro mundo nos aterra porque atenta (eso creemos), atenta contra nuestra vida. Es un mecanismo de supervivencia huir de lo no común. Todo aquello que no responda a nuestra concepción de lo posible, lo normal, lo dado, todo ello es amenaza.
La nada es esa amenaza. La nada, Acuario, es lo diferente. Fijaos que las mujeres del relato bíblico, todas se mean de miedo cuando reciben la visita de un ángel. Los ángeles son un arquetipo acuariano: transparentes, asexuados.
Ese miedo de las mujeres a los ángeles. Ese miedo nuestro a los locos. ¿Por qué ese miedo? Porque desconocemos lo que pueden llegar a hacer o decir y que sabemos que no será convencional y que sabemos que será diferente y que sabemos que es inesperado y que sabemos que nos sorprenderá. El miedo a los locos, a los ángeles y a los peluqueros no es en vano y es general. Os diré otros miedos que tenemos ese rechazo mamífero hacia Acuario: miedo a la velocidad, miedo a las alturas, miedo a la electricidad, miedo a los locos, miedo a los ángeles, miedo a la inmensidad. También un miedo a lo original. Lo original es un viento, un flato divino e invisible. Lo original es el viento que nos hace volar la máscara social capricorniana que usamos muy necesaria es esa máscara no os la saquéis a no ser en lo íntimo o de a poco, no os saquéis la máscara. Ensayad de a poco, porque Acuario, lo original que hay en Acuario nos saca sorpresivamente la máscara petrificada de las formas petrificadas y nos expone y nos deja en ridículo. El viento Acuariano es la originalidad que atenta contra todas nuestras dulces y valiosas inautenticidades.
Por ejemplo, la iglesia era una casa vieja empolvada oscurecida enmohecida sacra digna enlutada silente adornada emperifollada de negruras y telarañas, así era la Iglesia, hasta que vino un viento soplando el viento del Espíritu Santo, el viento de Acuario, el viento de lo original, y allá por el 60 nació el Concilio vaticano II que fue una sacudida de estructuras anquilosadas y ennegrecidas y de todo ese barroquismo mortuorio, y barrió con mucho no con todo barrió y se reformó la iglesia se aggiornó la Iglesia y nueva savia de vida y juventud y luz le impregnó Acuario el Espíritu de lo original.
El cielo, los dioses, en cierto sentido, son una amenaza para nuestra vida mamífera. Lo otro, lo heterogéneo, lo diferente, es una amenaza. Lo sorpresivo es una amenaza y es por eso que tratamos de evitar las sorpresas, porque aunque sean gratas, ¿no véis la primera reacción que tenemos ante las sorpresas? El susto es la primera respuesta, el sobresalto, como cuando se le sopla la nariz a un bebé o a un animalito. Susto. Es el miedo a lo más cercano a lo eterno que tenemos en esta vida: la simultaneidad. La simultaneidad es lo más cercano a la eternidad que podemos experimentar en vida. Ahí tenéis a los sedientos de simultaneidad expuestos a los infartos y al stress. Todo a la vez, todas las sensaciones, toda la adrenalina, tirándose de parapentes deportivos, parapentes económicos, parapentes afectivos, parapentes morales… todo en Acuario es aceleración, y toda aceleración un deseo de eternidad, de salir de lo mamífero, de la aburrida y segura vida mamífera, de la solidez lograda de Capricornio, cabra suicida, la cabra loca es la cabra que deja de ser Capricornio y se le chifla el moño y salta al vacío, hace un parapente mortal… ¿Nunca visteis una caricatura de Cabra loca, cabra desquiciada? Dan miedo de veras.
Locuras varias y coloridas las de Acuario colorido estrambótico multitodo excéntrico libre libre revolucionario cortacabezas.
En Acuario, todo lo que pertenece al mundo de las cosas se deshace en cenizas coloridas esparcidas en alocada danza caótica hacia la nada.
Papá va a comprar cigarrillos y no vuelve, nunca más vuelve. Mamá necesita espacio, mamá está loca, se la llevan a mamá al loquero, mamá profetizaba en las plazas, gritaba cosas sobre el mundo, sobre lo que habría de venir, sobre el espíritu que aleteaba sobre las aguas en el principio del mundo hebreo-cristiano. Loca como una cabra loca, o una artista (una loca disimulada), o azafata o de huesos descalcificados sin fósforo.
Cuando ocurren cosas como las Naciones Unidas, cosas a ese nivel tan grande tan magnífico, nos damos cuenta que el viento acuariano está refrescando y que levanta polvareda en la tranquila e insípida tierra capricorniana.
Las Naciones Unidas son un organismo del que forman parte unos cincuenta y un países de los cuales solo cinco o seis opinan y dirigen la batuta, los que tienen el poder son los que votan, no hemos logrado de acuario más que una fachada, pero al menos es algo. Porque en Acuario, monchéres y monchéras, en Acuario, que es el opuesto de Leo, no hay Leo, no hay rey. El rey, en Acuario, somos todos. Eso supondría un estado utópico en que la humanidad cuenta con individuos plenos y evolucionados a tal punto que cada uno es su propio centro, Leo, y comparte su luz con los demás, su luz la comparte, su luz Leo la comparte Acuario.
Ojito con la evolución. No nos creamos cabritas con alas de avioneta que corren hacia la sima y se tiran de allí y vuelan. Acuario es la cualidad del no-mundo, de las no-cosas. Aquí no queremos no-cosas. Aquí no queremos no-mundo. Aquí se respira cálido y animal, se huele a tufo, se es parte de la especie y no de un Olimpo aburrido y estéril.
Acuario es el no lugar de los no dioses. Ese no lugar nos invita a desprendernos del lugar de las cosas. Nos invita a volar, y compartir es desprendernos de las cosas y entrar al no mundo. Y romper los cánones en coloridas manifestaciones y pensamientos es desdeñar del mundo de las cosas, y lo mismo la locura, y lo mismo despegar en un avión.
Alguien dijo que son muy inteligentes y futuristas e inventores los acuarianos. Falacias! Puras falacias! Acuario es el signo de la aniquilación del hombre, de la inconformidad vacía e inmensa, del futuro susurrado en caracteres ininteligibles, como dice la Carta de San Pablo a los romanos, con gemidos inefables, con voces inaudibles que atormentan al pobre mamífero con futurismos inútiles la mayor de las veces, con visiones de un mundo feliz, como el de Huxley, elevando los espíritus a la contemplación de realidades futuras inalcanzables por las que desesperan las almas.
Entonces Acuario se posa sobre el hombre como un pampero cálido y despabilante, estresante, hostigando a los pobres corazones a latir a un ritmo nuevo, acelerado nuevo latir y reventar en la carrera hacia el futuro y morir, de sobredosis morir, o de velocidad morir.
Allí están los profetas. No desdeñéis estos ejemplos. El cielo no es amigo. Sabed que el cielo y sus cacharros no son amigos no lo son. Porque si caéis en la cuenta, muy pocas personas en la historia de los hombres tuvieron el culo suficiente de ser bancados por un séquito de admiradores o por un apellido honorable o por cualquier otra montaña social, por cualquier capricornio, para poder apoyarse y sostenerse y eyectarse a las alturas visionadas. Al resto de los acuarianos imbuidos de este espíritu de porvenir se les ha tildado de locos, rebeldes, subversivos, marginales, putos, enfermos, inadaptados, abundan los inadaptados.
No digáis que Acuario es un ave volando por los aires contemplando desde lo alto y adelantándose a las conciencias. Acuario no es un ave: es una cabra loca.
Ha surgido en estos últimos años, quizá desde los sesenta en adelante, un movimiento espontáneo y mundial superador de la instancia patriarcal de Capricornio. El vacío que deja el estructurado Capricornio, ese gusto a asfalto desolado a pista de vuelo sin aviones, a logro alcanzado y solitario el logro.
Este vacío y esta sed son las que impulsan a las cabras suicidas a saltar hacia el etéreo mundo de la New Age.
Es aquí cuando el ser particular, el hombre, derrapa y atenta contra sí mismo. Ángeles, duendes y hadas, árboles parlantes, channeling y otras yerbas estupefacientes de la materia olvidada de sí misma, suicidada. No pretenderemos que vivimos a Acuario de manera bien integrada. Nuestro Acuario no pasa por la fraternidad universal ni por ningún delirio blavatskiano, sino por cosas tan inútiles y obscenas como el tarot de los duendes, el diccionario de las hadas y pedanterías parecidas que no dejan de ser un claro anhelo de clasificar y ordenar lo inclasificable, lo innombrable, lo que no puede ser analizado ni nombrado ni clasificado. Porque la materia que tratamos, el hombre y la otredad, ese mundo que subyace a nuestro mundo, la metafísica de la existencia, la espiritualidad, la trascendencia, no se puede traducir en un diccionario de duendes índigo o de flores oraculares.
Toda esa parafernalia confusa de “conocimientos” New Age no deja de desacreditar la búsqueda genuina de los verdaderos buscadores, entendiendo por verdaderos a los que buscan lo profundo, lo otro, lo que no comulga con ningún producto de vidriera, llamador de ángeles, runas de luna llena.
Los buscadores al pedo son esos que no buscan la comunión ni la trascendencia sino más bien el precio mejor en piedritas energizantes y algas purificadoras de los chacras. Los buscadores que buscan profundamente son aquellos que no reniegan de su cuerpo para aspirar al cielo, al Urano, al Acuario que nos llama hacia arriba y que siempre nos sorprende con algo nuevo, un nuevo valor que tarda en instalarse pero que se instala en la sociedad y que es parte de la montaña.
Imagináos que la montaña es lo que es y hasta donde es porque el cielo que la cubre, la nada, deja de ser. A cada instante de Acuario, de la nada, baja algo que se hace algo, y la montaña es cada vez más montaña, y el cielo no deja de ser cielo.
No desestiméis repensar vuestra búsqueda de eso nuevo y original que viene de Acuario, de no perder la capacidad crítica que se ganó en Virgo, ni la experiencia ganada hasta Capricornio. Acuario no debe ser el punto de suicidio de Capricornio sino un punto de despegue natural hacia otras cosas, hacia lo diferente, sin olvidar que de esta materia no nos desprenderemos jamás.
Yo detecto la brisa acuariana en esta palabra famosa palabra globalización es la palabra nueva y poderosa. La globalización en la información, en la cultura, en la economía… peligrosa la palabra suicidante no lo olvidéis, suicidante si no hay un claro sentido de pertenencia al acá, al ahora, al entorno, al mundillo húmedo y cálido que nos acuna. Es curioso que muchos hayan relacionado la palabra globalización con americanización, entendiendo “América” como sinónimo de Estados Unidos de América. Fijáos que esa globalización que arrasa contra las identidades culturales de los países que abarca es una acuarianización déspota en la que el elitismo, la raza de los elegidos, los poderosos, los pulcros, los que han habitado la cumbre de la montaña olímpica económica, los dioses modernos que todo lo quieren homogeneizar monocromáticamente. No es raro tampoco que a los Mc Donalds, a las autopistas y a los shoppings se los llame “a-topías”, es decir, no-lugares, dado que contrastan y reemplazan los rasgos de cada uno de los lugares en que se asientan, y unifican a los países sin tener en cuenta sus rasgos culturales, y encontramos que uno de estos no-lugares atraviesa tanto la torre Eiffel como una playa brasileña como Salta o Santa Cruz… Y se los llama no-lugares, lo que no contradice mi teoría de Acuario como el no-lugar, el vacío, la nada.
No os engañéis ya os lo dije, tened cuidadito mucho cuidado con el aguador, que es un gran silo de litros y litros de lavandina que corroe las identidades, blanquea todo, homogeniza todo, destruye todo, lo deshumaniza, debilita todos los lazos, desdibuja todas las culturas, lava los cerebros, blanquea los dientes, arrebata en éxtasis al cielo, excluye, norteamericaniza, yanquiiza, y algunas cosas más que debemos cuidar de no hacer no por el bien de nadie ni por el nuestro sino simplemente porque seréis unos verdaderos pavotes y la vida es muy valiosa muy corta como para pavear de esa forma como para no hacer algo mejor que subir al Olimpo del confort y la exclusión.
Eso sí, mucho amigo en Acuario, mucho grupo, ojito ya lo dije ojito con esos grupos acuarianos excluyentes. Ojito mucho ojo. A los tales, les recomiendo hacerse un batido de pedo de ángel en Esalen o en Findhorm, da igual, sin desmerecer los talentos que allí se cultivan, que sí son talentos, mi querida Eileen Caddy y compañía horticultora rodante charlante con vegetales, pero esa es otra historia.
Bueno, yo os advertí, para que no caigáis en la leonina hipocresía de irradiar una imagen de superación y pacificación olvidándoos como siempre, traviesos y pedantes, de olvidaros siempre que a este mundo pertenecéis, nada de dualismos, nada de almas encerradas, no os engañéis, no os dañéis de esa manera, nada de maniqueísmos hipócritas luchando contra Sauron actuando de Gandalf, de Galadriel, de Sórseres, y no reconociendo que luego de las asanas, luego de un virtuosísimo sloka blavatskiano, os laváis los chivos y también el culo mamífero que tenéis, no os olvidéis que os digo y os repito hasta el cansancio, mi frase copyright mío, que si algo no combina con el inodoro, no es auténtico, no es humano. Lo que riñe con el ano no es humano. Hacedlo como ejercicio. Poned en una hoja la palabra “ano” o “defecar” y luego un signo igual, el signo de equivalencia e id agregando palabras, como por ejemplo, ano igual freezer. No se excluyen porque el freezer guarda comida que será expulsada por el ano. Ano igual educación: no se excluyen porque la educación no va en contra del ano ni lo niega y al contrario lo incluye lo admite y nos enseña mucho sobre él. Fijáos ahora prestad atención en estos tres ejemplos: Ano igual Doctrina Secreta. Ano igual Lady Rowena. Ano igual Nirvana. Algo raro hay aquí, algo que atenta contra nosotros. Ya os lo dije y os lo repito: ante cualquier duda consultad con el ano, y no os equivocaréis, iréis por la senda segura. Ano y Acuario no son muy amigos, como lo refiere el dicho popular “vagar más alto que el culo”… no conviene hacerlo, no conviene Acuario a nuestros fines mamíferos. Ojito. No quería dejar esta encíclica sobre Acuario sin bajaros a la tierra y recordaros que somos humanos, mamíferos, seres vivos. Mirad el cielo todo lo que queráis y aprended de él, pero no queráis hacer de esta tierra un cielo porque mucha masacre ha provocado esa idea, mucha muerte, como mucha lavandina matándonos a nosotros, dulces y cálidos mamíferos.
Os dejo bajo la inmensidad del cielo, la inmensidad del ouranós, la inmensidad y nadedad de Acuario.
Os desea un cielo despejado El Menos Indicado en desear cosas.
En el mes de Acuario.
No olvidéis que estas encíclicas están protegidas por derechos de autor, no os mandéis cagadas.
Advertidos.

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