Este es el tiempo en que culminan las cosas. Ya han culminado. Ya no me interesa que entendáis o no lo que digo, ya hemos perdido las ganas de explicar con hartantes recursos explicativos, ejemplificaciones, definiciones, y esos asfixiantes etcéteras.
En Piscis nada es definido, en Piscis hemos perdido los esquemas, en Piscis han naufragado los sistemas, porque en Piscis, en el puro mundo de Piscis, Virgo, su opuesto se pierde el pobre Virgo, con Piscis se pierde. Piscis también sufre en el sistemático ordenado pulcro y burocrático mundo de Virgo, como Josef K, en el proceso de Kafka, la historia de Josef K es la historia del pobre Piscis en el mundo Virgo. También la metamorfosis, del mismo autor, la metamorfosis en la que Gregorio Samsa llevaba una ordenada y definida vida en el definido y oficinante y enrolante mundo de Virgo, y de repente, un día, desencajó Samsa, se transformó en un bicho, avergonzante, excluidizo. Piscis se hizo presente con su peor rostro en el virginiano mundo de Gregorio Samsa.
En Piscis no se puede entender, en Piscis se apagan las luces, todas las luces, la razón se ha ahogado ha caído trastrabillado borracha la vieja grisácea de la razón, diosa viciada de utilidad y exactitud, con sus zapatitos comtianos lustraditos esos zapatitos, y sus stuartmilleanas baldodas bien distribuidas y sus smitheanos vestidos planchados hasta almidonados vestidos trastrabilló la diosa en un charco profundo el pozo carroliano, el pozo por el que cayó Alicia, la diosa razón es Alicia, Alicia sacando cuentas, el Pozo es Piscis el mundo de Piscis en el que estamos cayendo ahora. No busquéis esquema no lo habrá aquí no lo habrá, aquí se toma el té junto a sombrereros y lirones, eso se hace si es que algo se hace, porque se hace en el mundo virginiano donde reina la utilidad, como diría Carl Popper, la dictadura de la utilidad, la dictadura del monstruo tricéfalo de la supervaloración de la utilidad, la supervaloración del esfuerzo, la supervaloración de la productividad, ideales virginianos contra el ocio, contra Piscis, como el buen Hitler, que dijo que toda inacción es insensata y que, al contrario, toda acción es sensata, que hasta el crimen es preferible a la inacción, eso dijo, Virgo es utilidad, y Piscis, su opuesto, de quien hoy nos ocupamos, es el ocio, el ocio por el ocio, la gracia, el don, lo gratuito, la filosofía, el arte, la no-utilidad, el mundo que no se reduce a Virgo, el ocio, el cálido ocio pisciano, el Sabbat al que nos llama Piscis, ese es nuestro tema de hoy y de todo este mes, señoras al pedo y señores amariconados que miráis en esta pantalla de inutilísimas tardes de crochet, origami, astrología kármica, o cualquier otra excusa para no vivir.
Recordad cuando en Capricornio, en el capítulo diez de esta novela de doce capítulos, en el capítulo diez nuestro protagonista moría, en el once reinaba el silencio de los dioses inexistentes, y habíamos muerto a la materia y no dejábamos de ser materia, ella era nuestro mundillo, la materia, nuestro mundillo, el cielo la amenaza, el cosmos infinito la amenaza, Acuario la amenaza, los dioses fríos trascendentes perfectos eternos, el cielo el ouranós sobre la tierra, la montaña y la cabra arriba de la montaña eran Capricornio, eso habíamos dicho.
Y dijimos que Acuario, la fase once en esta rayuela de doce números, doce baldosas, era el cielo la baldosa once y Capricornio la tierra. Y dijimos que en la tierra Capricornio había vida y que en el cielo Acuario había muerte o soledad. Habíamos dicho que Acuario era inalcanzable para nosotros microorganismos húmedos e inquietos. Habíamos dicho que los dioses nos miraban con envidia y que algunas cabritas kamikazes se tiraban al vacío pensando en volar.
Muchos de vosotros entraron en desesperación interna al sospechar que nada había para nosotros más allá del ouranós.
Pero hemos llegado a Piscis. Piscis es la fase 12, la última habitación de la triste pensión en que vivimos, el último minuto de luz para los condenados, la última bala de los desesperados, el último paso, el último recreo, el último orejón del tarro.
Retrocedamos a Capricornio, retrocedamos al capítulo diez de esta novelita . Seamos aquel protagonista, esa cabra y recordemos que lo somos, estamos en la cima de la montaña, el cielo, Acuario, el ouranós está por encima de nosotros, solitario y silencioso, frío e infinito, lleno de nada, una nada de la que todo se origina, así de abstracto, así de lejano, así de abismalmente lejano es el cielo para nosotros, seres terrestres. Y la cabra se acuerda de su origen, que hizo un recorrido desde Aries a Capricornio, que nació en la fase uno y que terminó de ser en la fase diez, el logro donde está parada, y allí frente a su historia y frente a la inmensidad celeste siente un latir que es el de su corazón, que no era un ser aislado no lo era venía de algún lugar venía, de algún lugar salió Aries, de dónde carajo salió Aries, de algo previo, de algo informe, de algo cálido, de algo difuso y ancestral, difuso y oscuro y cálido: de Piscis.
Piscis es el fin de la novela. En el capítulo doce el protagonista llega a la cumbre de la montaña y una vez allí, una vez logrado el logro que debía lograr, muere. En el capítulo once se muestran las nubes perdiéndose en la extensión. En el capítulo doce vemos al héroe diluirse poco a poco, y muchos críticos pensaron que era un capítulo muy morboso, sádico o masoquista, porque los bichitos se llevaban a cococho su porción de héroe y la tierra se encargaba del resto.
Estuve a punto de emitir una teoría en este punto de la encíclica, pero desarrollándola me di cuenta que no era prudente darla a conocer ahora. Debo esperar un poco más.
En Capricornio la cabra moría, bajo el urano moría, bajo el cielo teñida de livor mortis. En Piscis sus carnes son absorbidas por la tierra oscura y por las moscas y por los agentes de descomposición (A propósito, subo junto con esta encíclica otro vídeo con material extraído de wikipedia, muy pertinente y apto para meditar, para sentarse en posición de loto y cerrar los ojos y adentrarse en el mundo de Piscis, lo que conlleva Piscis, os lo regalo espero que os guste y edifique, por sobre todas las cosas que os edifique).
Y he aquí el misterio: cuando la cabra abrazó la negrura del suelo el mundo se terminó para ella, se le apagó el televisor, en Capricornio se le apagó el televisor, murió y se pudrió en el suelo.
Ya no tiene conciencia para darse cuenta de lo que ocurre. Ahora ella no es ella. Ahora es un cuerpo igual que tantos otros cuerpos, un organismo descomponiéndose dulcemente desintegrándose pudriéndose, desvaneciéndose, perdiendo sus facciones, arrugándose, inflándose, hediendo, inevitable es heder la hediondez es patrimonio de los vivos y de los que van dejando de ser seres vivos. Si me preguntáis, si queréis respuestas, no las hay muy claras porque cuando de Piscis se trata todo es difuso lloviznoso fantasmagórico, onírico, pero, si queréis respuestas de esas arriesgadas y apresuradas e inútiles, os diré que Piscis no es la pobre cabra sino la tierra que la alberga. Piscis es un retorno al caldo universal de donde venimos. Piscis es la negra oscura cálida y rica tierra que nos absorbe, que lentamente nos desintegra, nos abraza, nos asimila, nos recibe, colorida oscura y cálida, la lluvia cooperante deshace nuestras células y los agentes de descomposición nos hacen cosquillitas post mortem que nos desarman nos descoyuntan nos hacen lo suficientemente permeables para que don gusano y doña larva nos recorran hasta disolvernos en una informe indeseable y podrida masa líquida que desaparece, desaparece, que nutre la tierra, el suelo, las raíces de las plantitas de las que somos abono, la vida, todo lo que subyace bajo el humus.
Ya morimos. ¡Qué se le va a hacer! La cabra murió en Capricornio, los dioses fueron testigos en Acuario, y la dulce sepultura nos absorbió en Piscis. Piscis es toda esa negrura vital que acuna toda existencia que emerge de la tierra y que vuelve a ella. Fijaos ahora todo lo que combina con esta situación de desintegración confusa: nos entierra alguien de oficio pisciano, el sepulturero, y a su vez, un sacerdote nos bendice, que a su vez tiene cruces y aguas y salmos y requiescant in pacem, en un lugar tan pisciano como el cementerio, bajo la lluvia pisciana, el pisciano café velatorio, las piscianas lágrimas de la madre/padre/ tutor, o de piscianas viudas, con piscianos vestidos de luto, piscianos violines de pisciana partitura, piscianos rostros trágicos que recitan piscianos poemas de pisciana inspiración. Algunos de los piscianos concurrentes tiene la pisciana sensación de desmayarse del dolor, o de la angustia, por lo que con pisciano dramatismo cae en el asfalto mojado por la lluvia de las piscianas nubes, por lo que es trasladada con pisciano disimulo y parsimonia al pisciano hospital donde virginianas enfermeras hijas de puta le aplicarán virginianas recetas pertinentes a estos casos. Otro de los concurrentes no siente desmayarse sino que regresa a su hogar y en el pisciano momento de los sueños tiene una pisciana visión que le causa pisciana congoja, lo que lo sume en una pisciana sugestión que culmina en un llamado a medianoche a su pisciana amiga médium que concierta una pisciana sesión de espiritismo que invocará la vagabunda alma del fallecido en piscianas circunstancias, digamos, por ejemplo, en un duelo por alcohólicas valentías declaradas a algún pisciano delincuente, estafador, mentiroso, adulador, enemigo oculto y oficios parecidos.
Otra concurrente, con mejor suerte que el hospitalizado y que el pisciano soñante, tiene una pisciana sensación de inspiración, y compone una pisciana elegía, versos de largura y parsimonia tales que acongojan a quien quiera leerlos, y que a veces se titulan: “Coplas de Manrique a la muerte de su padre”, o, “Muero porque no muero”, y parecidas.
Otro de nuestros hipotéticos concurrentes se fuma un pisciano humo terapéutico, y viaja a piscianos mundos psicodélicos, felices, relajados, despreocupados, difusos.
Todos estos actantes tienen en común la comunión universal con el caldo cósmico al que el difunto ha retornado, se ha unido, reunido, religado. Religar es una palabra importantísima en el mundo de Piscis porque es origen de la palabra religión, palabra de la que el eficiente y sistemático mundo virginiano nacido en el virginiano siglo 17 nos ha apartado al punto que hoy nos da alergia rezar y encender velitas pero no lo mismo para postrarnos ante la diosa razón, diosa iluminista materialista cientificista a la que por suerte se le está terminando el tango. Y la religión es, según Freud, mucho más que ese sentimiento de comunión con el todo porque tiene que ver con el superyó y la represión, pero no avancemos tanto, quedémonos en que Freud admite que él no puede juzgar si ese sentimiento no puede de alguna forma estar emparentado con la comunión primigenia que es un estado primitivo del yo que sale del caldo inconsciente y que va perdiendo su sensación de comunión progresivamente. El niño es uno con la madre en el vientre, en el caldo amniótico es uno, oscuro, cálido, nutritivo, como la tierra que alberga los cadáveres solo que aquí el ciclo es de comienzo y no de fin. El niño se siente uno con la madre, y luego nace y se desprende del caldo, y se aferra a la teta, y cada vez el sentido de realidad le va golpeando más y más mientras crece, hasta que se da cuenta que es un ser separado, pero cuánto sufre para descubrirlo y asimilarlo, y cuánto tardamos, porque todo el tiempo estamos queriendo volver, morir es volver, es regresar a aquella oscuridad inconsciente, solo que no ya en un vientre individual y mamífero del que venimos, sino a un vientre universal como la tierra. Todos hemos salido de un cómodo edén uterino oscuro cálido caótico y nutritivo y eso era Piscis. Cuando nacimos era Aries, Tauro, Géminis y Cáncer. Cuando nos fuimos de casa era Leo, cuando conseguimos nuestro primer laburito obligado era Virgo, cuando nos juntamos era Libra, cuando fifamos y nos celamos era Escorpio, cuando salimos del mundillo escorpiano y nos integramos a la comunidad era Sagitario, cuando la comunidad nos reconoció como alguien, ya era Capricornio, pero ya era tarde, porque en Capricornio nos llegó la muerte y Acuario, el cielo, siempre fue testigo. Ahora estamos nuevamente en Piscis, no en el caldo uterino de nuestra fertilísima madre, sino en un caldo oscuro negro y universal que es la tierra, el humus, la franja orgánica que recubre todo el planeta, la biomasa, la circular biomasa, el útero planetario.
No pocas veces en mis años religiosos sentí que habitaba dentro de un útero protegido, un útero “transpersonal”: el color de los vitreaux, el humo del incienso, la salmodia, la luz de los cirios embelleciendo las catedrales, las columnas, las bóvedas que simulan aspirar al cielo, las lámparas y la araña central, avemarías y glorias, los adornos florales… qué cerca toda esa sacralidad cantada, qué cerca del gran útero pisciano, qué cerca de serlo, de acobijarnos colectivamente, de nutrirnos, de arrullarnos, hipnotizarnos, engañarnos, sedarnos, seducirnos, absorbernos, santificarnos.
En las tumbas hay cruces también hay silencio y santidad. Pequeñas iglesias son los cementerios, pequeños cementerios son las iglesias. Cada vez que entro a alguna de ellas en la puerta está la tumba de un gran obispo. Dice la biblia: “Porque el que ha muerto ha sido absuelto de su culpa”. Carta de San Pablo a los romanos capítulo 6 versículo 7. ¿Y no es la culpa, el peso de todo lo inconcluso aquello de lo que Piscis, muriendo, se viene a redimir?
Recuerdo que mi abuela criándonos hacía muchas diferencias. Yo era uno de los preferidos, junto a la mayor, pero Débora no lo era. Aclaro que no es casual que Débora aparezca en esta encíclica sobre Piscis. Y creo que mi abuela era una santa, pero en esto era medio hija de puta, porque Débora recibió nocivísimos mensajes que atacaron su autoestima y que la marcaron para siempre. Cuando alguien me preguntó en idioma evangélico pentecostal si yo creía que mi abuela estaba en el cielo, yo le contesté en su idioma que sí, que ella estaba en el cielo, que era una santa. Y me acordé que fue una hija de puta con Débora, pero no me pareció que ello desmereciera su cielo. Me dije: “ella ha muerto, ha sido absuelta de su culpa”. Luego, para instigar al evangélico deportivamente, le dije que no, que me corregía, que no estaba en el cielo, que había dejado cosas inconclusas en la tierra y que por ello debía estar en el purgatorio para lavar su culpa, porque mucha santidad había tenido pero con Débora, bueno, ya sabemos lo que fue con Débora. Y el evangélico empezó a discutir sobre el purgatorio y yo me divertí mucho esa tarde, pero no me pude olvidar de aquella reflexión, que Piscis es el cierre de lo inconcluso, lo kármico, como quien dice, lo que debe concluirse para que comience limpito el próximo ciclo, no con deudas, no con cadáveres, no con santidades que quieren obviar el daño hecho en vida, lo que debe ser reparado, lo que debe ser saldado, absueltos de la culpa, absueltos de la culpa.
Por eso me parece que la idea de purgatorio es muy pedagógica para entender a Piscis. Piscis es el muchas veces doloroso saldo que se paga de todo lo anterior, es la disolución y apertura a lo nuevo.
Fijaos cómo en los manuales de astrología a Piscis se lo relaciona con las cárceles y los hospitales. La cárcel es el lugar pisciano en el que se pagan las culpas cometidas en la sociedad virgo. Fijaos cómo el purgatorio también es un estado de purificación, de purga. El evangelio de Lucas dice en su capítulo 12 versículo 59: “Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado el último centavo”. Esa es la idea de purgatorio, de cárcel, de Piscis: el Cosmos no deja nada inconcluso.
Es mi opinión que cuando la cabra muere en el capítulo diez en el doce la materia se desintegra. Como tengo un juguete nuevo llamado teoría de la ley de conservación de la materia, juego a saber que luego de la desintegración nuestra materia se redistribuye para formar, repito, formar, digo una vez más, formar, parte de cualquier otra cosa que el universo necesite, y que esa u esas formas que me esperan son las famosísimas formas aristotélicas que son como el invisible molde que contiene y da forma a la materia y que me parece que están ahí en el cielo flotando a la espera de encarnarse. Y les digo más, me parece que algo de eso debe haber porque cuando mis viejos me concibieron en útero yo ya era El Menos Indicado. Y otra cosa que me lleva a fantasear con la redistribución cochina de la materia muerta es que las plantas vienen de una semilla, y me quieren explicar de dónde saca toda esa materia el árbol si no es de la redistribución de la materia, ya que las plantas parece ser que no “comen” tierra. Pero empecé a divagar y a hablar como un campesino ingenuo del que algún entendido se va a reír. Es muy justo que se ría.
Cuando el Sol entra en Piscis, como hoy, nacen muchos mamíferos, de los cuales un porcentaje son humanos a los que llamamos personas y decimos que son de Piscis porque el Sol está en el Signo de Piscis estos treinta días, y quienes son piscianos, sea porque nacen en estas fechas o en otras pero con muchos planetas en Piscis, decimos que son piscianos y que por tanto tienen muchas cualidades de Piscis que iremos conociendo, porque tener cualidades piscianas es estar imbuidos con el tinte de Piscis que no deja de tener que ver con todo lo que venimos diciendo y que no nos entra en el marote no nos entra y no tiene por qué entrarnos.
Vosotros tenéis ganas muchas ganas de que yo os diga cosas como las que os diré ahora porque os daré el gusto. Pero después de deciros el repertorio de idioteces que precede, os diré cuántos pares son tres botas, y os diré que las botas a veces huelen, a veces no, a veces son de cowboy del oeste, y a propósito de cowboys, una película muy pisciana es Cowboy de medianoche, miradla, fijaos en esas humedades, esas ilusiones, esos destierros, qué película mi Dios, Santa Catalina de Siena, Santa Cecilia, ora pro nobis, que no nos pase lo de Cowboy de medianoche, que no nos toque ser de Piscis, y al que es de Piscis le conduelo, de veras le conduelo, le envidio, de veras le envidio, le temo, de veras le temo, le huyo, de veras le huyo y todos esos piscianos sentimientos que me conectan pobremente con quienes representan a Piscis. Paso a cantaros la cansoneta que esperáis para luego poner el tango que a mí se me cante:
Ser pisciano es ser alguien que desde que nace se conduele inconscientemente de haber salido del vientre de su madre y que tiene tanta angustia el pobrecito es tan frágil que generalmente toma antidepresivos.
Ser Pisciano es haber nacido para protagonista de “La cabaña del Tío Tom”, “Mi planta de naranja Lima” y vías crucis por el estilo. El alma, ay qué grande el alma. El corazón, no te conté del corazón, y de esas obras pías y de esa caridad. No te conté de esas lágrimas, pobrecita, pobre Soledad Dolores Solari, ese don artístico, esa percepción, ese sacrificio por la madre, o por el padre, o por la patria, como Bruce Willis, el héroe pisciano de “Las lágrimas del sol” o “Armagedón”, dando la vida, relegando sus necesidades, ofreciéndose como víctima en lugar de los demás.
Dicen las malas lenguas que Piscis es el alma. Que Piscis es la apertura, al cielo, que Piscis es la sensibilidad, el don, etc.
Yo no soy quién para negar el alma. Allan Kardec en su muy pisciano libro “El libro de los espíritus”, nos cuenta no solamente sobre el alma de los difuntos, sino del alma del mundo, el Atman, del alma de los árboles, y creo que hasta de los metales, platos y tazas. Selvática e insondable la sistematización del espiritismo de Kardek.
Jacinto de chiquito se conmovía por el día y la noche, la despedida y el regreso. Todo emotivo, todo alma y poesía, porque Piscis nunca deja de estar conectado con el alma del mundo, con su propia alma y con todo lo que lo rodea. Todo le pasa, todo le ocurre, paga deudas kármicas, culpas propias y ajenas, y todo le pesa. Le pesa y ama ese todo inentendible que es la vida y la muerte y se inmola como víctima propicia al sacrificio, y asiste a los pobres, a los enfermos, a los necesitados, a los solitarios y bicheces parecidas a la de él, porque también éstos están en Piscis, solo que de una forma más inquietante. Jacinto, ¿hay nombre más pisciano que Jacinto?, sufre, sufre el pobrecito que es una pena, y es tan frágil y es tan bueno y es tan santo que da asco, pero a él le sirve y al resto también.
Qué lindo cuadro el de Piscis, los invito a entrar con los pies lentos y entregados, pies de Alfonsina alma de Alfonsina Storni que se moja suicida en la orilla de sus días.
Por la blanda arena,Que lame el mar,
Su pequeña huella,
No vuelve más.
Un sendero solo,
De pena y silencio, llegó,
Hasta el agua, profunda.
Un sendero solo,
De penas, mudas, llegó
Hasta, la espuma.
Sabe Dios qué angustia,
Te acompañó.
Qué dolores viejos,
Calló tu voz.
Para recostarte,
Arrullada, en el canto,
De las, caracolas, marinas.
La canción que canta,
En el fondo, oscuro, del mar,
La caracola.
Te vas Alfonsina,
Con tu, soledad.
¿Qué poemas nuevos,
Fuiste, a buscar?
Una voz antigua
De viento y de sal,
Te requiebra el alma,
Y la está llevando.
Y te vas, hacia allá,
Como en sueños,
Dormida, Alfonsina,
Vestida, de mar.
Siguen las estrofas de la zamba de Ramírez y Luna con versos neptunianos de altura reconocible, y sigue Alfonsina y nuestros pies con ella abismándose en las grandes cuantiosas indefinidamente grandes aguas de Piscis.
De allí venimos y allí volvemos, no lo olvidéis como soléis olvidar todo, a veces, cuando el peso de vuestra soledad es tan grande, tan real, y la montaña capricorniana es tan real, y el vacío frío e infinito del cielo acuariano es tan real, y nuestra individualidad pesa, pesa tanto es tan poco acariciada por el mundo, corazón roto, alma desolada, horas pobladas de nosotros mismos, de nuestras manos, nuestro aliento, nuestro culo en la silla o en la cama, o en la cima de la montaña, y allí desangrarnos de preguntas sin respuestas o de gritos al vacío, o de rezos, clamores, LAMENTACIONES, SALMOS, PROVERBIOS, coplas, zambas, elegías, llantos mudos, duelos, intuiciones, fantasmas, recursos todos del alma sola y abismada, derrotada, porque no hay victorias individuales, sépanlo desde ahora, las victorias son flores de hierba destinada a perecer, a decolorarse, a desintegrarse, a disolverse con colores, forma, perfume recuerdo y todo.
Allí, en Piscis, podemos caer en caótica desesperación o entregarnos suicidantes a la oscuridad acuosa de Neptuno, podemos zambullirnos como un barco que toma uno de sus cañones y se pega un tiro a estribor que sale agujereando por babor, y se pierde para siempre de sus destinos, sus fiestas, historias, sueños, rutas y los etcéteras de cualquier objeto flotante en el cuantioso mar, y que todo era vanidad. Y podemos pegarnos un tiro, comprarnos un delicioso Johnny Walker Blue Label, o Termidor, de última, o internarnos en el humo Cannabis Sativa para sahumar los pensamientos, los sueños, los sentidos, que los sentidos pierdan sentido o se amplifiquen, o distorsionen, pierdan toda su virginianidad y se embriaguen de noche miel orgía y sinestesia de los sentidos, sinestesia de todas las potencias, de las formas, sincretismo de sonidos y gemidos y aullidos y silencios y toda la sopa rica sopa que se cocina en una noche párvula un puchero rico uterino amniótico y se sirve a la mesa y los recuerdos son difusos muy difusos, como todo lo que ocurre en Piscis, así de empañado ocurre todo en Piscis, no veo bien las cosas, no defino las palabras, lo dicho, los actantes, perdí el rumbo la frontera se extravió la neblina espesa no me dejaba avanzar y me encontré en ese lugar encallado en la memoria celular, la memoria RAM, la que duerme y duerme y duerme.
En Piscis estáis en el agua, no tengáis miedo, no os resistáis, no os ahogaréis, sentiréis la presión en las sienes, pero no os ahogaréis, os lo prometo, solo respiraréis por vuestras branquias espirituales, y qué lentitud que experimentaréis, sí, todo es lento, y los ruidos amplios y los límites de las formas se pierden. En el mundo de Virgo que es el opuesto de Piscis, la silla es una silla con forma de silla y sus líneas bien definidas nos permiten con acertada percepción precisar lo hasta dónde de la silla es tal, y cuándo deja de ser silla para pasar a otro objeto que la circunda: en Virgo tomamos cuenta de los límites y la utilidad. En Piscis no hay tanta luz, sabedlo, en Piscis la vista disminuye, los sentidos disminuyen, en Piscis, en el agua fondo del espeso mar de Piscis, camináis con lentitud y escucháis con lentitud, ahogo, y los colores no son colores, y las formas no son tan formas, y la silla que antes podíamos definir ahora está empañada por divertidas y movedizas oscuridades, ya no tiene utilidad, nadie usa sillas en el fondo del mar, ha sido absorbida por el paisaje, y por las algas, y por los hongos, y por las soledades, y alguna vez un pulpo sideral le acaricia el respaldo podrido y difuso , todo en Piscis se vuelve difuso y se desintegra y no tiene utilidad, y es parte de un todo, eso sí, de un todo amplio grande e inentendible. Así los borrachos de alcohol o los borrachos de amor, todo en su visión se distorsiona, todo en su percepción se amplifica y engrandece.
Quiero que sepáis y admitáis conmigo que en todo signo hay bicheces y que todos somos medio bichos, bichitos no de luz exactamente, no exactamente mariposas. Pero en Piscis, en Piscis todas las bicheces se amplifican y mimetizan y sincretizan y revuelven toda bichez pasada, toda bichez aprendida en Piscis se actualiza y se emplea para hacer de cuenta que no se tiene bichez pero ojo! ¡ojo el piojo! ¡no se quite la bombacha señora cucaracha! porque vendrán los fumigadores y nos harán trizas.
Cuando los cuerpos se pudren en la tierra muchos simpáticos bichitos movedizos cosquilleantes y escurridizos aparecen para celebrar el banquete. Todos invitados a tomar el té. Bichos agentes de descomposición que nadie hubiese imaginado se generan en primer lugar en los intestinos. Es curioso porque estamos hablando de Piscis, y cuando hablamos de Piscis siempre aparece Virgo. Virgo rige los intestinos, y de los intestinos salen los primeros bichitos que se comerán nuestras carnes.
No es una locura lo que digo, ya que, en el virginiano mundo de Gregorio Samsa el primero en convertirse en un pisciano bicho es el mismísimo Samsa.
Ahí tenéis la prueba irrefutable. Yo no escribí La Metamorfosis, no fui yo, os lo juro.
Y les iba contando sobre los bichos. En este mundo virginiano en que vivimos, con sus nombres, clasificaciones, roles, ficheros, cartografías del suelo y de la psique, números, manzanas, direcciones, cercos, límites y sistemas, los bichos son una verdadera molestia. Salen de todas partes. Se vuelve a repetir el esquema. De los intestinos salen los primeros bichos de descomposición. Del sistema de cañerías, por ejemplo, salen las cucarachas y las ratas. Del sistema en que vivimos, con conducta regulada, sistema de educación, de desagüe, de seguridad, etc., salen toda clase de bichos. Cucarachas de las cañerías, delincuentes de los callejones, ratones pornográficos del laberíntico cerebro.
Bicheces, bicheces que se intenta combatir en aras del orden y la pulcritud, bienes preciados de la sociedad, la higiene, el orden, amenazados siempre por las cucarachas humanas y por las otras también.
En Piscis nos conectamos con nuestra cucaracha interior.
Todo buen Pisciano es una tremenda cucaracha kafkiana. Todo buen pisciano es el “Tenazas” de Homero Simpson, horrible a la vista Capricorniana de Marge Simpson, su esposa, frágil víctima necesitada de cariño para el tonto de Homero conectado en aquel momento con su propia incapacidad, fragilidad y necesidad de afecto. A quien no lo vio le recomiendo ver el capítulo en que Homero adopta a “Tenazas” y le cuida y le mira esos lastimosos ojos pobres ojos pobrecito tenazas bicho feo y delicioso.
Tenazas morirá al final. Marge, Capricornio, se encargará de darle fin. Homero llorará.
Nosotros lloraremos cada vez que se le hiera a nuestra cucaracha interior.
Nuestra cucaracha interior, al igual que los blatodeos reales de los cuales se conocen miles de especies puede alimentarse de residuos. Las cucarachitas se alimentan de residuos de la bolsa de residuos y de desperdicios de la cocina, y nuestra cucaracha interior también se alimenta de residuos kármicos. Para los que no creen en el karma, traduzcamos que nuestra cucaracha interior se alimenta de residuos de la memoria psíquica primaria.
Hagamos de cuenta que el vientre de nuestra madre estaba lleno de amargura porque era una pobre desdichada. Nuestra cucaracha interior se alimenta de esa cualidad y crece junto con nosotros alimentándose de desdichas parecidas a las que absorbimos en el vientre de aquella desdichada madre. Llamadlo como queráis, memoria celular, amniótica, o karma.
Y puede haber tantas clases de cucarachitas como os imaginéis. Todas hábiles en el oficio de subsistir, todas hábiles para huir, escudriñar, excavar, consumir, esconderse y rumiar.
Yo afirmo que Piscis es la reunificación de todas nuestras cucaracheces. Piscis es la gran cucaracha kafkiana que amenaza el lobotomizado mundo de Virgo.
Piscis es nuestro bichito interior con sus patitas y sus ojitos y sus alitas y su colita y sus infecciosas costumbres.
Las cucarachas no golpean a la puerta, no se presentan orgullosas ante el mundo solar e instituido. La cucaracha entra por las cañerías, desagües, y se aloja sin permiso, y se multiplica y la queremos esconder que nadie la vea qué vergüenza nadie debe ver nuestra bichez. Es parecido a Escorpio el asunto, solo que en Escorpio lo que ocultamos es mucho más profundo y negro. En Piscis lo que ocultamos es una impudicia de costumbres, en Piscis ocultamos nada más ni nada menos que nuestra humedad. Negamos nuestras humedades con auxilios virginianos. Gasas, alcoholes, desodorantes, jabones, toallas, exfoliantes, máquinas de afeitar, rapar, esquilar. Nada de humedades en los días de humedades las toallitas femeninas deben ser sequitas Carfree es frescura, Carfree es frescura, frescura femenina.
Piscis es ese repasador o rejilla sucia que escondemos o ponemos a lavar cuando viene la visita. Es la bombacha sucia colada en el grifo de la ducha. Pero es algo mucho más cochino que eso. Piscis es nuestra capacidad de mentir. En Piscis somos especialistas en dramatizar, fingir, recurrir a nuestra cucaracha artista y desmayarnos, o desangrarnos, o desgarrarnos o entregarnos e inmolarnos para que el mundo diga ¡Pobre madre!, o bien: ¡Pobre criatura!, o bien: ¡Pobre diablo!.
Esa pobre cucaracha sufriente, mosquita muerta, os endulzará el oído y el corazón con dramáticas imágenes de desdicha y soledad, fragilidad, llanto obsceno y desmayo.
Cuando la cucaracha de mi prójimo logra conmovernos, lo que está sucediendo es que su cucaracha interior ha entrado en mi alma y me ha conmovido. Me recuerda que yo también soy medio cucaracha, necesitada y escondida, solitaria, rechazada, desgraciada, lastimada… y borrachos de todos estos sentimientos auxiliamos al cucarachón, a ese pobre bichito moribundo, a “Tenazas”, el camarón homérico.
Poneos en papel de bichito sufriente, con esos ojos, y esas manecitas pobres. Ya empieza la novela. Poned un rostro, el rostro de vuestra cucaracha actriz, vuestra grecia colmenares cloacal, y emitid frente al espejo un pedido de ayuda. Sed la cerillera, o la cenicienta, cualquier trasto de la historia que clama piedad.
Piedad, señor piedad,
por tu gran corazón borra mi falta,
que mi alma quede limpia de malicia,
purifícame tú de mi pecado.
Pues mi pecado yo bien lo conozco,
y mi falta no se aparta de mi mente, contra ti, contra ti solo pequé,
lo que es malo a tus ojos yo lo hice”. Salmo 50.
Los Kyrie eléison tienen el mismo fin. Comienza la celebración de la misa que es el sacrificio (sacrificio es una palabra pisciana) al Padre siempre enojado del que hay que obtener el perdón con meas culpas, mea culpa, mea máxima culpa, golpes en el pecho, y un cristiano sentimiento de cucarachez ante el majestuoso señor del cielo que si se le canta nos aplasta y pulveriza con su pié celestial.
Muchas cucarachas interiores se exteriorizan como devotos, del señor de Mailín, de la Virgen Llorosa, de la Virgen de los dolores, del Rosario, procesiones, ciriales, novenas, renuncias, caridad cristiana, cruz y muerte y entrega muy devotas estas cucarachas señoronas que no las critico en nada, que mucho mérito tienen, que mucha fe, que mucha lágrima de madre, Santa Mónica era madre y se la pasó llorando por Agustín, su libertino hijo, y que a fuerza de lágrimas lo convirtió al cristianismo, Agustín fue conmovido, la cucaracha materna se le instaló en el corazón, le rompió la membrana del alma como toda cucaracha que ingeniosa logra entrar en la bolsa residual de la cocina. Lo que Agustín tiraba a la basura como desecho, eso usó Mónica para conmoverle.
Mónica debió tener un alma de cucaracha seguramente y Agustín también, porque pudieron conmoverse, ella a él con tanto llanto y el a ella de tanto pecado y ruindad anticristiana. Piscis puede tocar el alma, llegar al alma, porque Piscis es el alma.
Y ya termino esta encíclica diciéndoos que Piscis tiene una belleza y santidad, una melodía y sacralidad, tal como la que veis cuando visitáis los grandes templos de vuestras ciudades. Tengo por costumbre visitarlos muy a menudo y sacar fotos, y tan piscianos son aquellos lugares, en todas sus formas piscianos.
Y qué sonidos y colores, y qué dulzuras las de Piscis. Y qué chusmas seseantes a veces, señoronas al pedo, devotas y chusmas, supersticiosas, crédulas, celestinas sincretistas de todas las ideas para conformar al prójimo. Piscis es un engañador profesional, una cucaracha astuta con los hábitos de la Madre Teresa, que ahora que recuerdo tenía como carita de santa cucaracha.
Y el aire se vicia del perfume de Piscis y de su hermosura, el atino con que refleja las cosas supremas, las realdades sobrenaturales, los mundos esos que se ha pintado en su imaginación a veces luminosos, a veces mórbidos, pero vale la pena pasar por Piscis, vale la pena desintegrarse allí. Uno pasa a formar parte de un útero mayor, y a nacer como vaya a saber qué cosa.
Os dejo con un poema de Neruda, que la poesía es puro Piscis, os dejo con él, y ya de paso os saluda el menos indicado para saludar.
Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.
Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.
Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.
Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.
Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.
Pablo Neruda.
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