sábado, 19 de enero de 2013

ENCÍCLICA SOBRE ACUARIO- Cercenatur Caput


*Por Pablo D. Salinas

Al que está sentado en el trono

¿Qué o quién es el Absoluto? Muchas respuestas se han intentado respecto de esta pregunta y ésta no será una de ellas. Para disertar sobre lo celestial ya tenemos a un sinfín de eunucos que dedican su vida a tal fin y que inquieren al cosmos y a su silencio por el sentido de las cosas.
¿Por qué me animo yo a iniciar esta encíclica sobre el signo de Acuario con una pregunta que no corresponde a las cosas sino a las no-cosas? Porque Acuario es la negación de las cosas.
Dícese de Acuario que es un signo de aire. Para los astrólogos existen cuatro elementos a los que se circunscriben todas las cosas: Tierra, Agua, Aire y Fuego. Acuario pertenecería a los signos de Aire junto a Géminis y Libra.
El Aire es un elemento que despeina el cabello, descuaja los cedros del Líbano, transmite el Prana de los yoguis, transporta las huestes demoníacas inspiradoras del mal para los apóstoles y profetas (siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobedienciaCarta a los Efesios 2, 2-3), y está habitado por entidades angélicas para los newagers.
El Aire representa lo etéreo, el mundo de las ideas platónicas, el más allá del horizonte que inspira ideas de infinitud, libertad y transparencia.
Acuario, que es un signo de Aire, tiene correlación directa con el cielo al que también asociamos con el aire. Esta no es una idea nueva: para el protestantismo El CIELO se corresponde con el aire como lugar en el que habita Dios (“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” 1ª Tesalonicenses 4, 17). En el aire ondean las banderas, se desplazan las aves, descansan las ideas.
Pero, ¿qué ideas? ¿qué dioses? Acuario es a cada uno su propia idea final sobre la existencia. ¿Cuál es el valor Absoluto que rige la vida de los hombres? ¿Cuál es su Acuario? Para algunos será el amor; para otros, el dinero o el poder; para otros, la fuerza, la valentía, el coraje; para otros, el valor absoluto será el placer o la renuncia, las posesiones, la belleza, el saber, los dioses, la naturaleza…
Un valor absoluto es un principio que rige todos los aspectos de la vida de una persona. ¿Por qué? Porque somos como una flecha (Sagitario) disparada al infinito (esta idea tampoco es nueva: ya la había dicho San Agustín de Hipona), como un cohete que una vez disparado sigue una dirección, va como hacia algún lugar, aunque no se llegue nunca a ese puerto. Algunos han dicho que ese lugar hacia el que se corre es la felicidad. Otros dijeron que el mismo es una idea que se tiene sobre el mundo y sobre sí mismo y que se trata de realizar. Otros han hablado de una entelequia, es decir, de una forma final que habita en el pensamiento y que uno quiere concretar en sí mismo para darle sentido a la existencia. El Valor Absoluto es aquel por el que hacemos todo lo que hacemos, pensamos todo lo que pensamos y está hecho de nuestras propias aspiraciones, nuestra propia concepción de lo que es mejor o superior.
No nos han faltado películas o historias que muestren a un guerrero venerando la imagen de algún antepasado guerrero famoso por sus hazañas. Ese hombre venera el retrato de otro hombre en el que residen los valores que para él son supremos. O el niño que venera a sus superhéroes, o el fan devoto de su artista preferido, o el culto a los próceres, a los santos, a los dioses antiguos, ¡y hasta a los mismos valores! (libertad, igualdad, fraternidad).
Acuario es ese estante vacío en el que depositamos la imagen de aquello que creemos que es lo mejor de lo mejor, mejor que nosotros, mejor que todos, mejor que el mundo, mejor que la pobre vida que se vive al lado de eso que siempre es mejor.
Pero Acuario, el cielo, no está habitado por algo/alguien. Acuario es un trono vacío en el que nosotros mismos (sea individualmente, sea colectivamente) depositamos una imagen a la que adorar, un valor que defender, una idea que sostener, una verdad, una luz que se siente en ese trono y le dé sentido a nuestra vida.
Algunos sentarán en ese trono a Dios; otros a la Energía Cósmica; otros al placer, al trabajo, al coraje, a la belleza, la fuerza, el poder… Pero Acuario no será ninguno de ellos, Acuario no tiene rostro (no es Leo, su opuesto, que tiene rostro, individualidad, identidad), porque Acuario no es el que se sienta en el trono, sino el trono mismo. Porque Acuario es siempre privativo, es decir, es una ausencia allí donde hay posibilidad de presencia. Pero una vez que ALGO se hace presente (Leo es la presencia), Acuario deja de ser Acuario, o dicho de otra forma, la COSA se expande hacia el VACÍO, y ese vacío conquistado por la cosa deja de ser vacío para ser COSA. Podría decirse que el VACÍO, pensado así, también es una cosa, pero nos olvidamos que nuestra capacidad intelectual no está apta para pensar o admitir el vacío. Eso es ya un indicio de cómo el vacío nos es totalmente ajeno, como ajenos serán los dioses, los santos, los héroes, los próceres y los valores que preconizamos con tanta ligereza.
El trono vacío, el estante vacío, es un punto que nos llama a la creatividad. ¿A quién sentamos ahora en el trono? ¿A quién ponemos en el estante? También podemos comparar a Acuario con un portarretratos: se compran vacíos (o con una imagen vacía de significado, es decir, comercial) y están listos para ser habitados por la efigie de nuestro objeto más preciado (sea éste real, imaginario o ideal). Pero fíjense que los portarretratos vienen vacíos (de significado, al menos) y somos nosotros los que los llenamos de algo significativo. Eso significativo que ponemos en el portarretratos no es significativo para todos sino sólo para nosotros. Somos nosotros los que hemos cargado de significado (de cierto significado y no de otro) a la cosa. La cosa no significa por sí misma sino que nosotros elegimos atribuirle esa significación. La foto de ese muelle que tienes en el portarretratos que está sobre la biblioteca no significa nada para el visitante. Si él te pregunta, tú interpretarás su significado; le dirás que es el muelle del que partió tu padre la última vez que lo viste antes del naufragio… El mismo muelle en otros portarretratos en otras casas otros significados tendrá, efectivamente. Somos nosotros los que deliberadamente atribuimos significado a las cosas, y también somos nosotros los que al más importante de esos significados colocamos en el portarretratos más sobresaliente de la casa. Somos nosotros los que sentamos a un rey en el trono. Somos nosotros los que decimos que Dios es Dios y que él es lo más importante en nuestras vidas. Otros dioses en otros corazones y en otras culturas, otros ídolos y efigies, otros próceres, otros valores que determinan la conducta, que orientan el camino y que nos hacen caminar con esperanza de porvenir.
A este efecto conviene citar a modo de ejemplo el mito del pueblo hebreo vagando por el desierto cuarenta años en busca de la tierra prometida. Habían salido de Egipto guiados por el caudillo Moisés y Dios les había prometido llegar a una tierra de la que manaba leche y miel. A esta patria le llamaron la Tierra Prometida. Caminaron cuarenta años dando vueltas en el desierto (se dijo que esas vueltas eran para purificar al pueblo de las idolatrías adquiridas en su estadía en Egipto). Caminaron llenos de esperanza y no exentos de dificultades. Tuvieron hambre, calor, sed, sufrieron el azote de la enfermedad, pero se mantenían firmes en la esperanza de alcanzar la tierra que hoy para los cristianos equivale a un cielo. Su marcha tenía un sentido. Hasta ahí estamos en Sagitario. Sagitario es el signo del flechador que apunta al cielo (Acuario). La flecha sale disparada a la nada (Acuario) pero avanza como si tuviese un sentido, es decir, un lugar al que llegar, un blanco en el que aterrizar. El pueblo hebreo lo mismo avanzaba como si tuviese delante de sí un destino.
Pero resultó que una vez llegados a la “tierra prometida”, ni leche ni miel sino cardos y espinas. Ninguna patria sino un terreno habitado por otros pueblos, otras culturas con las que habrían de convivir hasta asimilarlas o vencerlas. Nada de patria eterna al pueblo elegido sino un terruño disputado por imperios más fuertes que no tardarían en derrotarlos, invadirlos, saquearlos, subyugarlos, deportarlos y dispersarlos para siempre. Hasta el día de hoy (desde hace tres mil años) están esperando la tierra del ensueño.
Jesús, natural de Nazareth, sospechando quizá la indefensión eterna de sus paisanos, trasladó la esperanza de conquistar un espacio geográfico a la maravillosa y mejor idea de conquistar un cielo (preparado por el mismo Dios que incumplió la promesa de la tierra), es decir, un espacio ideal. A la lucha de los judíos contra los dioses paganos se la reformuló en lucha contra el pecado que habita en el interior del hombre; la obligación de cumplir los preceptos legislativos del Antiguo Pacto trocó en el amor al prójimo como entidad universal; la idea de un mesías caudillo que los liberaría de la opresión romana mudó a la de un mesías que los libraría de la muerte, pero la liberación de la muerte que se esperaba como bien corpóreo en lo que se llamó “la resurrección de los justos” también se transformó en una vida eterna en sentido espiritual. Es decir, Jesús hizo una transferencia del objeto de deseo real a uno más fácil de arribar que es el ideal o imaginario. Jesús acuarianizó los fines del pueblo de Israel: “Mi reino no es de este mundo” “En la casa de mi Padre, muchas moradas hay y voy a prepararlas para ustedes”.
Es decir, la flecha disparada hacia la nada, el pueblo hebreo caminando hacia una patria inexistente, hacia un futuro idealizado, los hombres, los pueblos, cada uno de ellos avanzando hacia su propia idea de porvenir, son esfuerzos y avances (muy buenos, muy loables, muy dignos) que no tienen sentido.
No hay un algo hacia el que dirigirse. No hay meta. No hay fin. Acuario es el cielo hacia el que apunta la flecha del Centauro. Acuario es el fin, el principio que rige las conductas, el valor supremo y absoluto (individual y colectivo), pero, ese lugar está vacío, esa meta no existe, ese fin es pura idea, ese lugar es el NO-LUGAR hacia el que nos dirigimos irremediablemente y por el que luchamos a capa y espada como si de algo sirviera.
Nos da tanto miedo suponer que no hay nada más allá del horizonte… ¡tanto miedo! Porque resulta que queremos vivir, y que hacemos cosas porque creemos que todo esto tiene un sentido, una razón de ser, un final feliz (o infeliz, pero un final determinado al fin).
No somos lo suficientemente corajudos como para asumir que no hay meta ni patria y, pese a ello, actuar. Es por eso que preferimos sentar a alguien en el trono o colocar una imagen en el portarretratos.
Pero, si bien Acuario es la nada hacia la que nos dirigimos, el sinsentido, el no-lugar, no por ello necesariamente debemos dejar de actuar. A mi juicio, es muy potable la idea de seguir haciendo de cuenta que hay patria, que hay destino, que hay meta y fin. Hacer de cuenta que hay dioses, valores y principios eternos es sano porque nos incentiva a actuar y el actuar nos habilita a vivir y experimentar. El problema con un trono ocupado es que a veces lo que entronizamos allí parece tener derecho vitalicio y se queda ahí fijo por muuucho tiempo, cosa que nos limita y condiciona a un punto en el que ya no somos nuestras posibilidades sino una copia con Nihil Obstat y Licencia Eclesiástica, es decir, una cosa aprobada por lo que está sobre el trono. Eso que está en el trono vive a costa nuestra y toma carnadura en nosotros. Nuestras posibilidades de ser se limitan a eso y no a otra cosa. Nos hacemos fijos como Acuario que es un signo fijo. Nos hacemos testarudos, nos petrificamos como el mármol vaticano, nos cristalizamos.
Caminar como si hubiese meta y fin nos habilita a movernos y experimentar. Fijar la meta como un absoluto inamovible y eterno nos desnaturaliza.

Cortarle la cabeza al rey

La Revolución Francesa ocurrida en 1789 (ocho años después del descubrimiento del planeta Urano, regente de Acuario) se desató en una época en la que los reyes habían llevado al extremo su posibilidad de gobernar instaurando la idea absolutista que no reconocía límites para el modo de ejercer el poder. Esa falta de límites expresa la soberbia leonina. Leo es el signo opuesto a Acuario. Cuando los hombres se dan cuenta de esta desmesurada idea de plenipotencia, toman conciencia de su propia posibilidad de gobierno (democracia) y luchan hasta liberarse de las monarquías absolutas. Rodaron varias cabezas, tomaron las armas de la Bastilla, se proclamaron los Estados…
Lo mismo ocurre con nosotros cuando nos internamos en el nivel de lo acuariano. Liberarse es, por ejemplo, dejar el portarretratos vacío (yo he colgado uno así en la pared) y asumir que no hay finalidad ni significado. Que el significado es siempre una construcción arbitraria y subjetiva y que no hay más fin que el que elijamos para nosotros en vida (dentro de las posibilidades reales) o la muerte.
Varios locos acuarianos he conocido; el loco Mario, mi cuñado Gastón, Jaqueline la travesti… creo que todos ellos apostaban a cortarle la cabeza a más de uno que se les quiso hacer el Luis XVI.



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1 comentario:

Marta Ortiz dijo...

Hola Pablo, me ha gustado mucho tu entrada. Hace pensar.
Con respecto al pueblo hebreo y su viaje. Pienso que ellos no prestaron atención al camino sino al blanco, un blanco hecho de ilusiones como las que teje Sagitario en Acuario. El arco de circunferencia que se forma entre el 0º de Sagitario y el 0º de Acuario tiene su centro en el 0º de Capricornio, allí es donde pone la flecha Sagitario cuando se apoya en Acuario. Encontraron a Capricornio y a Saturno, un dios severo es el suyo, y su tierra también lo es. Deber ser éso, y no otra cosa. Éso, y no hay alternativa. Éso es el 0º de Capricornio en la carta del 0 de Aries, el MC.
Cuando el arco de circunferencia se apoya en el 0º de Acuario y en el 0º de Aries, la flecha se coloca en el 0º de Piscis, la cúspide de casa 12 en la carta del 0º de Aries. Allí está la reforma cristiana.
La carta del estado de Israel tiene ASC en Aries y Capricornio en el MC. Han vuelto con Moisés a la eterna disputa.
Tal vez la solución para ellos sea el compartir la Tierra Prometida prestando atención al camino en lugar de a la meta.
Y sería usando el sextil que se apoya en el 0º de Piscis y el 0º de Capricornio, entonces la flecha apoya en el 0º de Acuario y no hay una meta sino un camino a realizar.
Yo lo veo muy claro en el cuarto cuadrante, pero esto es algo de leer los signos sin prejuicios usando el vacío de Acuario.

Seguiré tus entradas, gracias Pablo.
Un saludo